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19 de septiembre de 2021 Twitter Faceboock

TRIBUNA ABIERTA
Gabriel Boric y el rechazo a la condición de preso político de Mauricio Hernández, y la miseria del moralismo reformista
Felipe Cayumán

Tras el anuncio de candidatura presidencial, Gabriel Boric se ha tomado las pantallas de los medios de información dando entrevistas y exponiendo sus puntos de vista de la contingencia nacional.

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Invitado por el programa “Mesa Central” de canal 13, Boric abordó diversos temas del acontecer del país, pero uno de los puntos más polémicos fue su respuesta a la situación carcelaria de Mauricio Hernández Norambuena, el mítico “Comandante Ramiro”.

En el programa mencionado, el candidato presidencial del Frente Amplio le quitó el estatus de “Preso Político” a Ramiro, excomandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, presentando la idea de que se trataba de un simple “asesino” en democracia, señalando que "No comparto las acciones que realizó Hernández Norambuena (...) No comparto que por diferencias de opinión se pueda ajusticiar a mano propia a una persona en democracia", explicó. Esto se da en medio del impacto que causó la entrevista de Mauricio Hernández desde la cárcel, donde justificó el "ajusticiamiento" del ideólogo de la dictadura militar, Jaime guzmán, en 1991. Cabe destacar que la entrevista se realizó sin la aprobación ni conocimiento de gendarmería, quienes están a cargo de la custodia de Ramiro.

Las declaraciones de Boric no son de extrañar. Después de salvar al gobierno criminal de Sebastián Piñera, al firmar el tristemente célebre “acuerdo por la paz” en el momento más álgido de la lucha de clases durante la rebelión de fines del año 2019, y en el contexto del desarrollo de un paro nacional (12 de noviembre del 2019), las acciones y discurso de Boric y sus secuaces ha estado centrado en “rescatar” la democracia y la institucionalidad burguesa. Mientras miles de personas que salían a las calles eran víctimas de la brutal represión del Estado Policial, el Frente Amplio, coalición de donde viene Boric, se dedicó a negociar con el régimen, incluyendo la aprobación de leyes represivas que sirven de herramientas útiles a la dictadura empresarial para frenar la movilización y protesta de masas.

Esto creó las condiciones para que la rebelión de octubre del 2019, que nació de la negación radical al sistema económico y político de opresión que mantenían aplastadas en todos los ámbitos a los sectores populares, y en especial a la clase trabajadora, fueran encauzadas en movimientos ciudadanos electoralistas, bajando la intensidad de la protesta y la violencia política popular callejera.

Boric y la defensa del Estado Policial disfrazado de democracia.

Tal vez el lector se pregunte ¿Qué relación existe entre las acciones y discurso de Boric y el Frente Amplio durante el “estallido social” y las declaraciones que hizo sobre el estatus de Ramiro? Y vamos a responder a esta interrogante abordando una parte de las declaraciones del triste candidato presidencial, quién rechaza el acto de “ajusticiar a una persona en democracia”. Esta última frase expone que Boric reivindica la democracia “dentro de lo posible” que lideró Patricio Aylwin en los 90´s, y que profundizó el legado de la dictadura de Pinochet, a costa de terrorismo de Estado y muerte. El reformismo ciudadanista del Frente Amplio no cuestiona la violación a los DD.HH. durante la “transición”, donde la persecución, asesinatos y montajes contra revolucionarios fue una constante práctica desde la “Oficina”, organismo creado para desarticular a las organizaciones rebeldes que no aceptaron la negociación de los civiles “opositores a Pinochet” con la dictadura como condición para establecer un gobierno democrático. Fueron esos gobiernos de la Concertación los que profundizaron el neoliberalismo y la explotación capitalista desenfrenada; fueron los gobiernos de la transición y la democracia que reivindica Boric la que permitió la continuidad de la constitución de 1980; y fue esa democracia la que hizo realidad una aberración obscena que ninguna democracia, incluso una democracia burguesa normal, podría aceptar: la impunidad de los criminales de lesa humanidad que sirvieron de esbirros de la dictadura militar (La Ley de Amnistía de 1978).

Jaime Guzmán, la pobre víctima de un crimen ideado por Ramiro, era la representación en persona de toda la ideología de la dictadura. Además de nutrir con sus ideas conservadoras la Constitución de 1980, justificaba todos los crímenes de Pinochet desde un discurso que estaría acorde con las ideas divinas del Dios católico. Jaime Guzmán, no conforme con observar placenteramente el asesinato y desaparición de miles de revolucionarios, construyó un enemigo imaginario, el “comunista”, que tenía que ser combatido con todos los medios posibles, sin importar si aquello implicaba el asesinato, la tortura, la violación o el terrorismo psicológico.

Entonces, para Boric, la dictadura habría terminado justo en el momento en que Patricio Aylwin recibía el mando presidencial y rectificaba a Pinochet como comandante en jefe de las FF.AA. Después de 1990 todo eran colores alegres y reconciliación, y la democracia se perfeccionaba “dentro de lo posible” para crear un espacio territorial libre y donde las mayorías decidirían los destinos del país mediante el consenso. Al parecer, para el imaginario de Boric, solo hay que hacer un par de cambios desde la institucionalidad, rechazando a los “dos demonios” (los extremismos de espectro político), lo que podría resolver las problemáticas que afectan a los explotados del país. En este sentido, la actitud de Boric y el FA sigue las pautas de la actitud que tomó la Concertación a fines de la dictadura:

  •  Pactar con el régimen imperante bajo la fraseología de “proteger la democracia”
  •  Desmovilizar y encauzar institucionalmente el descontento de las masas movilizadas, para frenar la protesta e iniciar un proceso de transformaciones que no atenten contra el gran capital (hay que recordar que a mediados de los 80´s, EE.UU. y la Iglesia Católica, junto a un sector del empresariado nacional que se vio favorecido por la imposición del modelo neoliberal, presionaron a la dictadura para establecer un acuerdo con la oposición liderada por la Democracia Cristiana, frente a un ascenso de la movilización popular que podría haber terminado como la experiencia nicaragüense de 1979).

    Mauricio Hernández y la violencia política

    Es por eso que Ramiro es un personaje negado e incómodo para Boric, quien quiere despolitizar el rol individual y colectivo que representa el ex comandante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Mauricio Hernández Norambuena en los 80´s asume funciones militares desde la Política de Rebelión Popular de Masas, línea política del PC para combatir contra el régimen militar “con todas las formas de lucha”. Independiente de las diferencias de perspectivas y estrategias limitadas que adoptó el FPMR y sus combatientes, quienes llevaron a cabo una militarización orgánica del Frente tras su escisión del Partido Comunista y continuando con una perspectiva restringida que separaba las reivindicaciones mínimas de los objetivos socialistas (vacío que también se puede encontrar en la PRPM de los 80´s), estos militantes se dedicaron por completo a desarrollar la violencia política sistematizada para hacer frente a la represión criminal de los militares y civiles ya en los 90´s. También es parte de los militantes que cuestionaron la transición a la democracia, y buscaron una alternativa política popular a la “transición” pactada, aunque como continuación de la lucha guerrillera aislada de las masas (tradición de la izquierda latinoamericana durante el siglo XX), bajo la línea política de la llamada Guerra Patriótica Nacional.

    Los militantes como Mauricio Hernández utilizaron una alternativa política que cayó en la mirada militarizada de llevar a cabo la lucha política militar sin una estrategia que elevara a los trabajadores como sujeto revolucionario, lo cual tuvo como consecuencia la desarticulación y derrota de las organizaciones de resistencia nacidas en dictadura.

    Mauricio Hernández fue apresado por la democracia transicional, despolitizando su figura mediante el discurso de una supuesta democracia imperante que había sacado a Pinochet del poder formal, aunque seguía manejando el aparato militar del Estado (el “boinazo” y la “operación enlace” nos muestran la influencia del pinochetismo de carácter golpista en el ejercito).

    Lo que hace Boric y el FA no es solo desprestigiar a un personaje particular de la historia reciente del país, sino despolitizar y quitar legitimación a la violencia política popular. Por más que Gabriel “condene la violencia venga de donde venga”, el Estado Policial aún sigue teniendo el monopolio de las armas y de la represión violenta, ejecutando sus acciones de forma impune con miles de presos políticos en las cárceles, y juicios suspendidos que dejan en la total impunidad a los efectivos de las FF.AA. y de orden que cometieron crímenes contra la población movilizada.

    El moralismo democraticista servil a la explotación empresarial y el orden del capital.

    El moralismo decadente de Boric es el mismo moralismo miserable del reformismo que no cuestiona las bases de la institucionalidad burguesa, y rechaza toda la historia de los sectores populares del país, el cual está plagado de violencia política popular, por más que la visión positivista vulgar de la disidencia servil al régimen la quiera negar. El moralismo decadente del reformismo no es más que un moralismo que se separa de principios divinos, para buscar principios en la supraestructura burguesa, donde la democracia formal que oculta el Estado Policial se levanta como la divinidad que defiende el Frente Amplio y las lógicas ciudadanistas.

    Ramiro y los cientos de jóvenes encarcelados durante las protestas que surgen a partir de la rebelión de octubre, son presos políticos. Aunque el reformismo más decadente y ciudadanista, que se contenta -junto con los empresarios- con quitar el filo revolucionario de la movilización de masas al subordinarlas a las lógicas de la institucionalidad burguesa, y quieran negar que la violencia política popular (incluyendo a aquellos que se organizan en grupos que sistematizan la violencia que surgen al calor de la protesta) es una constante histórica de las explosiones de los sectores populares, la verdad es que esa violencia existe y seguirá existiendo mientras la estructura y supraestructura del desarrollo capitalista mantenga a los trabajadores y sectores populares en relaciones sociales de subordinación y humillación.
    Para finalizar, se hace necesario volver a insistir las veces que sea necesario: ¡LIBERTAD A LXS PRESXS POLITICXS!

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