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Red Internacional

EDITORIAL.Una elección atravesada por crisis políticas y la necesidad de una alternativa desde la clase trabajadora

La encrucijada es si esta crisis política va a ser procesada y contenida por las actuales instituciones del régimen o la clase trabajadora podrá aprovechar el río revuelto en las "alturas" para llevar las luchas que viene protagonizando al terreno político.

Pablo TorresDirector La Izquierda Diario Chile

Fabián Puelma@fabianpuelma

Viernes 15 de octubre | 01:22

El país ha entrado de lleno a las elecciones presidenciales y parlamentarias en plena crisis política. Los “Pandora Papers” que involucran a Piñera en el negocio del saqueo de minera Dominga bajo contratos firmados en Islas Vírgenes, han abierto una nueva crisis política que tiene a Piñera entre las cuerdas. No solo la Fiscalía se ha querellado contra Piñera (con Abbott a la cabeza tras encubrirlo durante años pues ya sabían del corrupto contrato con su amigo Délano desde el 2017) sino que la “oposición” (la vieja Concertación junto al Frente Amplio y el PC) han presentado una acusación constitucional cuyo destino está abierto. Lo más probable hasta ahora es que la Cámara de Diputados apruebe la acusación, y será el Senado quien tendrá que juzgar el asunto y decidir si Piñera se va del Gobierno o continúa hasta el 11 de marzo del año próximo que termina su mandato.

Sin embargo, estas acusaciones ya se han realizado en peores momentos, como en períodos durante la revuelta donde el criminal Piñera reprimió, asesinó y torturó manifestantes, y en aquel periodo la misma “oposición” que lo había salvado con el Acuerdo por la Paz que intentó debilitar la lucha en las calles para llevarlo a la vía de las viejas instituciones, y después hizo naufragar la acusación resultando Piñera completamente ileso.

Esta crisis se desarrolla en pleno periodo de campaña electoral hacia la elección de un nuevo presidente y gobierno el 21 de noviembre (y una probable segunda vuelta en diciembre), y se trata de una campaña donde el resultado no está claro. Vivimos una campaña, aunque esté “fría” en las masas, bastante “excepcional” como señaló hace poco Ascanio Cavallo: las primeras luego del ciclo abierto post estallido social.

Las maniobras y operaciones políticas que hay en juego en las alturas -donde se van hundiendo figuras claves como ahora Sichel el candidato “oficialista” de la derecha- puede llevar a que resurjan candidatos como Provoste o como el ultra-derechista José Antonio Kast, hoy segundo en las encuestas detrás de Gabriel Boric. Así, a menos de dos meses, tenemos un escenario bastante abierto. ¿Ganan los “centros” más moderados? ¿Gana la polarización con Kast en segunda vuelta enfrentándose a Boric?

Recomposición sindical y elementos de polarización

La encrucijada que se abre en la situación nacional es si esta crisis política va a ser procesada y contenida por las actuales instituciones del régimen (el Congreso con la acusación constitucional, la Fiscalía con la investigación a Piñera y el itinerario electoral), o la clase trabajadora podrá aprovechar el río revuelto en las alturas para llevar sus luchas económicas al terreno político y conquistar las demandas de la rebelión que siguen pendientes, sacar a Piñera y que no quede en la impunidad. Y es que el Congreso ya lo salvó una vez y la Fiscalía dejó en impunidad sus fraudes en más de una ocasión.

Esta crisis política se da en un momento de “desvío” institucional del movimiento de masas que protagonizó la rebelión popular del 2019, con la instalación de la Convención Constituyente que alberga importantes ilusiones en sectores de masas, pero que a la vez se ha ido deteriorando al pasar el tiempo y en muchos sectores hay frustración y desencanto en la Convención al no resolver ninguna de las demandas fundamentales de la revuelta, como la libertad de los presos políticos, la desmilitarización de la Araucanía, salud, educación, vivienda, salarios y pensiones. La Convención Constitucional dirigida por el FA y la centro-izquierda, ha sido completamente funcional a este “desvío” y ha respetado todas las viejas reglas del pinochetismo como los “dos tercios”.

Por otra parte, la clase trabajadora comienza a levantar cabeza. El crecimiento económico de este año luego de los momentos más duros de la pandemia, los retiros de las AFP y los IFE han permitido sobrellevar estos meses. Pero los nuevos empleos creados son precarios y aumentó la informalidad. Además que los poderes económicos castigan al pueblo con la inflación: todo sube menos los sueldos. A esto hay que sumarle los despidos en el sector de la salud y el veto de Piñera a la ley que da mayor estabilidad a las y los profesores.

Se trata de un fenómeno de recomposición importante, de organización, de nuevos sectores y generaciones que empiezan a luchar. En todo el país hemos visto, aisladas y dispersas, huelgas y paros de profesores como vimos esta semana contra el veto de Piñera con decenas de miles a nivel nacional en las calles; las y los trabajadores de la salud que están denunciando los despidos y en algunos lugares se están movilizando y llaman a enfrentar esta situación (como ya lo habían hecho las y los trabajadores del Barros Luco, y hoy lo hacen en el Sótero del Rio). ,También lo hemos visto en trabajadores de “primera línea” de la salud como la combativa huelga del Sindicato Siglo XXI en el hospital de Antofagasta. Las y los trabajadores de Mantos de la Luna y Albemarle en la región de Antofagasta; trabajadores de la Corporación Municipal de Puente Alto, los portuarios de Quinteros; las y los trabajadores del comercio como en Tottus que tuvieron una dura huelga y ahora en sectores del comercio se han movilizado por la reducción de su jornada laboral.

Hemos visto también que continúan sectores movilizándose por la libertad de las y los presos de la revuelta; a comunidades y organizaciones mapuche que continúan resistiendo la ofensiva militar-policial del Gobierno en el Wallmapu y en su lucha por la recuperación de las tierras hoy en manos de las grandes forestales; la lucha de pobladores por vivienda, y así numerosos sectores.

En este marco, sectores reaccionarios, al amparo de Kast, buscan aprovechar la crisis social y migratoria en el norte para impulsar su agenda xenófobo y generar la discordia entre las y los trabajadores, nativos y extranjeros, como en Iquique. O buscan medidas represivas como ha hecho Piñera decretando el estado de excepción para perseguir al pueblo mapuche con los milicos y ya no solo con la policía militarizada.

Se trata de elementos de polarización social y política. Frente a este escenario, el programa y la candidatura de Gabriel Boric muestra los límites para enfrentar la ofensiva de la derecha y el empresariado. Nicolás Grau, uno de los coordinadores programáticos del candidato, ha realizado una serie de gestos a la clase dominante para calmar temores y ganarse el favor de algunos. Recientemente sostuvo que el sector privado seguirá siendo el sector predominante en la inversión y se mostró dispuesto a limitar aún más el programa. Como se encargó de remarcar Boric en los debates, la épica de su campaña viene dada por hacer algunas reformas para garantizar la gobernabilidad y la paz social. Esto, sin contar con el vergonzoso papel del Frente Amplio en la Convención que en diversas materias del reglamento formó un bloque con la ex Concertación y la derecha para amarrar aspectos claves del Acuerdo por la Paz.

Una alternativa desde la clase trabajadora

Las luchas dispersas de la clase trabajadora deben transformarse en un solo puño y permitir que la clase trabajadora se ponga en el centro de la escena. Un solo puño para defendernos de los ataques como hacen con la inflación mientras las grandes empresas se hacen millonarias, como sucede con el Gas. Un solo puño para unificar nuestras peleas, para conseguir en común nuestras demandas, partiendo por el triunfo de esas luchas como la derrota al veto de Piñera contra las y los profesores, no a los despidos en salud, por un salario y pensión mínima de 600 mil pesos acorde a la canasta básica familiar, por el fin del trabajo precario, por la reducción de la jornada laboral sin rebaja de sueldo y repartiendo las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, por el fin a la militarización del Wallmapu y la devolución de las tierras al pueblo mapuche, por el derecho a la auto-determinación de los pueblos originarios, por salud, educación y vivienda, sin más subsidio a los empresarios privados que se hacen ricos a costa del presupuesto público, por las demandas de las mujeres como el derecho al aborto legal, libre seguro y gratuito y de la comunidad LGBTIQ+, y para terminar con el saqueo de los grandes recursos en manos de transnacionales.

Importantes sindicatos como el Colegio de Profesores o las asociaciones de funcionarios de la salud han protagonizado movilizaciones, pero no pueden limitarse a sus reivindicaciones gremiales. Junto con los principales sindicatos como la CUT deben instalar un Pliego Único de demandas, con campañas comunes mediante la coordinación y unidad de estos sectores, con asambleas, como buscaremos impulsar en Antofagasta desde las y los profesores en lucha contra el retiro en unidad con trabajadores de la salud y otros sectores.

Todo ello en la perspectiva que sea la clase trabajadora y el pueblo quienes demos una salida a la crisis que vive el país, en la perspectiva de la huelga general, donde se unan todos los trabajadores sin distinción, sindicalizados y no, nacionales e inmigrantes, del sector público y privado, de planta y subcontratistas, junto al conjunto del pueblo. Esta es la única forma de sacar a Piñera del gobierno e imponer una salida favorable a nuestros intereses que ponga en primer plano la resolución de todas las demandas y reivindicaciones.

Las candidaturas obreras y socialistas como las que levantamos desde el PTR en el Frente de unidad de la clase trabajadora, lucharemos para echar a Piñera con la movilización de la clase trabajadora y el pueblo y por eso la importancia de la coordinación y el frente único, presentando un programa y una política completamente independientes a la “oposición” de Boric y Provoste que buscarán réditos electorales en vez de impulsar la auto-organización y movilización. La candidatura de Lester Calderón en Antofagasta tiene ese trasfondo y ese contenido: que la clase trabajadora se transforme en un sujeto político con un programa independiente a la clase empresarial.




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