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INFANCIA

Trabajo infantil: una realidad que aumenta ante el alza del desempleo y el hambre

Según el Índice de Vulnerabilidad al Trabajo Infantil, 81 comunas de Chile poseen niveles altos de trabajo infantil, mismas comunas con altos índices de pobreza y desigualdad.

Sábado 13 de junio de 2020 | 08:35

El indice de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina (Cepal), refleja que, de las 345 comunas de Chile, 201 presentan vulnerabilidad baja, 63 están en un nivel medio y 81 tienen una alta vulnerabilidad relacionada al trabajo infantil.

La mayor concentración se encuentra en el extremo norte y en el centro sur del país, medición que concuerda con elementos como el alto índice de pobreza, zonas rurales, empleo informal en sector agrícola y pesquero, dificultad de acceso al territorio, entre otros.

Para el subsecretario del Trabajo, Fernando Arab, el trabajo infantil se debe a variados componentes, entre los que destaca el trabajo informal agrícola asociado al ámbito familiar, que para temporadas de cosecha recurren a la salida de proceso escolar, aumentando con ello su bajo nivel educacional y, por ende, su posibilidad de elevar en un futuro sus ingresos económicos a partir de la obtención de un trabajo calificado, elementos que, quien maneje básicamente el asunto, puede predecir.

Arab expresa, además, que desde el gobierno no quieren que los niños y niñas “paguen el costo de la crisis” y que el gobierno está presentando un proyecto de ley para aumentar las sanciones y actualizar la normativa a estándares internacionales. Medidas de persecución contra quienes otorguen trabajo a infantes, medidas contra la dolencia, pero ¿y medidas contra el problema de fondo: la pobreza y el desempleo?

Pobreza y deserción escolar en pandemia

Los elementos concretos que llevan a los niños y jóvenes a desertar de la escolaridad para pasar al trabajo infantil son claros: la pobreza y el hambre.

Pobreza y hambre que aumentan en pandemia, ante la crisis económica y el aprovechamiento de los grandes empresarios para despedir y suspender -amparados por las leyes de un gobierno criminal-, dejando a las familias y padres sin sustento, lo que lleva a jóvenes, principalmente, a recurrir al trabajo infantil informal para aportar a parar la olla en la casa.

La deserción escolar aumenta en tiempos de pandemia, donde se profundizan las desigualdades sociales ante un gobierno que, aunque diga lo contrario, no piensa en la niñez, como no pensó en todas las familias que quedaron viviendo con la mitad de su sueldo, sacado de sus propios ahorros para poder subsistir. O como cuando desconoce la realidad de los miles de niños y niñas vulnerados en sus derechos en el SENAME, o de los miles de niños desaparecidos por esa podrida institución. O ante las terribles desigualdades que viven miles de niños y niñas en campamentos, sin acceso a agua o a luz, en medio de una pandemia que ataca principalmente a la población pobre que vive hacinada y sin resguardos mínimos para evitar su contagio, y con mal acceso a una salud que está en crisis hace años.

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Sin garantizar un sueldo acorde a la canasta básica familiar para todo desempleado y suspendido, no podemos garantizar que no exista hambre, ese hambre que hizo perder el miedo a los pobladores de La Pintana, el Bosque y otras comunas que denuncian que las cajas de alimentación del gobierno son insuficientes, y muchas veces entregadas en condiciones de descomposición. Una burla que aumenta cuando hacen de cada entrega de una caja un show mediático para blindar de “apoyo” a un gobierno en ruinas.

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Con impuesto extraordinario a las grandes fortunas y la nacionalización de los recursos naturales bajo control de las y los trabajadores, podremos acabar con el hambre y garantizar la subsistencia y derechos básicos para el pueblo trabajador, de manera que, efectivamente, los costos de esta crisis la paguen los capitalistas que la producen, y que no caiga en los hombros de los niños y niñas.

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