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Opinión: Sin la clase trabajadora no se mueve el mundo

¿Qué sería del mundo sin las y los trabajadores? ¿Por qué este sistema necesita de nuestra fuerza de trabajo? Mientras grandes empresarios han incrementado sus fortunas a nivel internacional, quienes movemos el mundo cada día somos quienes sufrimos la crisis en carne y hueso. Es tiempo de cambiar esto y que de una vez por todas la tortilla se vuelva.

Luis Cifuentes

Obrero de la construcción y candidato a constituyente

Miércoles 5 de mayo

Que los estados capitalistas no quieran reconocerlo, o descaradamente desestiman el valor de la clase obrera es una cosa, pero basta con que sus ganancias se vean afectadas para recién ahí acordarse de los trabajadores. Muchos países simplemente no conmemoran el “Día del Trabajador”, uno de ellos es EE.UU, cuna del Capitalismo!, Injusto, ya que fue ahí donde dirigentes obreros fueron asesinados en las primeras grandes huelgas que se realizaron desde un 1° de Mayo de 1866 En Chicago. Otros intentan bajarle el perfil y se refieren a él simplemente como “Día del Trabajo”.

La clase Obrera, precarizada y desestimada, (más allá de que a pasos agigantados en muchas áreas productivas el recurso humano ha sido reemplazado por nuevos actores, como lo son la tecnología y emprendedores emergentes), ha sido quien le ha otorgado buena vida al Capitalismo, fomentado además “por los caprichos de una sociedad injusta y criminalmente organizada” ¿Qué han recibido los trabajadores a cambio? ¡Solo miseria!

El abogado laboral y académico José Luis Ugarte, por medio de una entrevista para el diario U. de Chile, nos hace ver que la crisis sanitaria dejó más que claro que las sociedades se mueven en torno al Trabajo, siendo por ello, los Trabajadores el principal motor de la economía de un país.

En Chile, desde los inicios de la Pandemia, a mediados de Marzo de 2020, miles de puestos de trabajo se vieron duramente afectados, eso ya lo sabemos, un sinfín de desvinculaciones, y otros tantos negocios y actividades menores, debieron cerrar definitivamente sin posibilidad alguna de reincorporarse. Con miles de trabajadores echados a su suerte a las calles, desempleados en el más absoluto desamparo, ante un escenario en que sobrevivirían únicamente los trabajos esenciales ¿Pero cuáles serían esos? Los de grandes Empresarios, ellos no estarían dispuestos a ver afectadas sus ganancias por ningún motivo, ni siquiera por la Pandemia.

Tales caprichos del empresariado más poderoso, llegan a tal punto del egoísmo y la avaricia, en que para mantener en pie sus empresas y sus bolsillos llenos, José Luis Ugarte nos menciona la entrada en acción de un aspecto negativo, que define como “la colonización” de los espacios privados, y nos expresa: “hoy el trabajo es igual que la vida, se rompe esa distinción entre trabajo y vida privada y en algunas formas de manera muy agresiva. Tal ha sido el impacto del teletrabajo en la vida de las personas, y sin duda que uno de los primeros puntos a observar ya lo es la extensión irracional de las jornadas de trabajo”.

El capitalismo asume formas criminales para sobrevivir, y una de esas formas surge como ética de trabajo orientada a disciplinar a los trabajadores para someterlos a un régimen irracional, ya que en “lugar de trabajar para vivir, se vive para trabajar”, como bien lo sostenía Karl Marx.

En lo que llevamos de crisis, los grandes poderes económicos, han chocado con la realidad, pero en el caso del trabajo, la precarización, la falta de asociatividad sindical, la falta de derechos es una realidad que se arrastra desde hace décadas, acrecentada incluso posterior a la Dictadura de Pinochet, en que se suponía que la Concertación se haría cargo de las deudas pendientes con la clase obrera, donde claramente no fue así, siendo más de treinta años de miserables reformas superficiales.

Durante más de 30 años, tanto la derecha como la Concertación, desarrollaron un plan laboral en desmedro de la clase obrera y en total beneficio de las grandes fortunas del país. La clase política conformada por dinosaurios inamovibles, dice ahora estar consciente de que la más afectada de tales desigualdades ha sido la propia clase trabajadora, y quieren hacernos creer que recién ahora con la crisis sanitaria se dan cuenta de ello. Lo cierto es que siempre lo supieron, y esperar un mea culpa de estos políticos de siempre, resulta utópico e innecesario ya a estas alturas. El pueblo ahora ya solo espera su pronta remoción, una limpieza profunda, sin que quede ni el más mínimo residuo de descomposición de esta casta política, que ni por más que intenten hermosear sus partidos, creando nuevas y llamativas coaliciones, parecieran aún en un atolladero.

Tenemos claro que el escenario antes de la pandemia ya era crítico, conscientes por ejemplo que que los trabajadores sin contrato y tercerizados aun tienen las peores condiciones salariales y de trabajo. Posterior a la crisis, y antes incluso las acciones a tomar por los trabajadores deben ser en constante alerta.

Debemos ya plantearnos ir por la prohibición de los despidos, y la derogación de la ley de protección al empleo. Fin al subcontrato, a la flexibilidad laboral, y al código laboral impuesto en la dictadura cívico-militar. Por el derecho a huelga efectiva y negociación colectiva por rama. Reducción de la jornada laboral, repartiendo las horas de trabajo entre ocupados y cesantes Ante el cierre de empresas o despidos masivos, hay que defender los puestos de trabajo, exigiendo la apertura de los libros de contabilidad; y nacionalización de aquellas empresas, con control obrero de la producción.

Hay que recuperar los sindicatos, y acabar con las treguas constantes con el gobierno, como quedó demostrado con las negociaciones entre la CUT, la Oposición y el gobierno, que significó directamente un salvataje al alicaído Piñera.

¡Que de una vez por todas sean los trabajadores quienes toman el sartén por el mango!






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