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Desde el Monumental

River, entre las dudas por su juego y el reacomodamiento de cada temporada

Como todos los años, el equipo de Gallardo deberá reinventarse para seguir compitiendo entre los mejores. ¿Podrán los refuerzos estar a la altura de las figuras que emigraron?

Alfredo Blanco

Twitter: @ruidosucioar

Martes 6 de abril | 22:30

El DT Marcelo Gallardo le da indicaciones a Rafael Santos Borré. Foto: sitio de diario Marca.

Al finalizar el empate que consumaron River y Arsenal de Sarandí, Marcelo Gallardo declaró “Me volvería loco no jugar a nada”. ¿Por qué lo manifestó? En un equipo que está acostumbrado a ser protagonista en todos los certámenes que participa, el hecho de que transcurran dos partidos sin convertir goles, además de alternar buenos rendimientos con otros no tan efectivos, genera en la opinión pública futbolística un principio de desconfianza, sea en forma genuina o viciada de polémicas.

Preguntas que fueron surgiendo en los últimos días como “¿A qué juega River?”, “¿es un equipo confiable?”, o “¿los rivales le tomaron la mano?” no hicieron más que meter ruido en un contexto en el que el entrenador del “Millonario” está rearmando un equipo que sufrió pérdidas muy importantes, con jugadores que llegaron como apuestas, figuras que se fueron y otras que pueden irse en cualquier momento. Sin embargo, esto no quiere decir que se pueda dar el lujo de tomarse una licencia que implique una merma en el rendimiento, justamente el hecho de haberse erigido como uno de los mejores clubes de América, lo obliga a no bajar la vara y a seguir siendo, pese a las vicisitudes que aparecieron, competitivo.

La propuesta futbolística siempre fue la misma, pero como mencionamos, las sucesivas idas y llegadas de jugadores incidieron en el rendimiento colectivo. Hubo pérdida de jerarquía: con nombres como Lucas Martínez Quarta, Ignacio Scocco y la salida más reciente, Ignacio Fernández, seguramente el desenlace de algunos de los duelos que se perdieron en los últimos meses habría cambiado la historia que finalmente se impuso. River no juega mal, por lo general no es un equipo que se vea dominado, sino que desde la presión somete a sus rivales y les impide desarrollar sus ideas, obligándolos a implementar planteos que tienen que ver más con cuidar el propio arco que con salir a buscar los partidos. Pero a pesar del protagonismo que asume en cada enfrentamiento, la falta de goles es lo que determina dónde está parado el equipo.

El fútbol, salvo muy pocas excepciones, no es un deporte donde la historia se construya gracias a los merecimientos. Se gana con goles. Y los pases a la red, como en algún momento definió Dante Panzeri, son lo que más le está costando al “Millonario”. Claro, el 5 a 0 a Racing, por la final de la Supercopa Argentina, y el 6 a 1 frente a Godoy Cruz atentan contra esta afirmación, pero se dieron en situaciones donde el equipo de Avellaneda se desmoronó mentalmente luego de los dos primeros golpes, y el segundo se vio superado desde el minuto uno. La norma, fundamentalmente sobre el final de la Copa Maradona (a pesar de haber llegado con alguna chance de jugar la final) y en el certamen “liguero” actual, fue la de un equipo al que le costó superar el último toque previo a la definición.

En este sentido, la claridad que ofrecía Nacho Fernández en determinados pasajes del juego aun no pudo ser igualada por quienes serían hoy sus remplazantes, Agustín Palavecino, y José Paradela. El ex Platense demostró con algunas pinceladas y su gol a Boca estar un paso adelante dentro de los refuerzos porque, pese a arribar desde un fútbol menos intenso como el colombiano, se está adaptando positivamente al funcionamiento que pretende Gallardo. Por supuesto le falta para alcanzar el rendimiento ideal, pero está transitando un camino similar al de muchas de las figuras que le dieron a River las últimas grandes alegrías. Lo mismo ocurre con Jorge Carrascal, Julián Álvarez y Federico Girotti. Los tres juveniles están ganando terreno y además la confianza del cuerpo técnico, más allá de la irregularidad que puedan demostrar por momentos en sus rendimientos.

Lo de River no es para preocuparse. Estamos frente a un equipo en formación que, si bien no concreta todas las situaciones que genera, sigue siendo protagonista. La próxima parada será en el Estadio Ciudad de La Plata, frente a Atlético Tucumán en un mano a mano por los octavos de final de la Copa Argentina. A menos que el Decano quiera penales, tendrá que salir a jugársela como pueda, con sus armas, pero de una manera diferente a la que podría darse en una fecha por los puntos. A priori, es favorable para lo que pretende el Muñeco. Podemos imaginar a Montiel y Angileri haciendo surcos por las bandas, a Enzo Pérez presionando la salida de los tucumanos, y a Nicolás De La Cruz y Matías Suárez proveyendo a Rafael Santos Borré para darle al “Millonario” los goles que avalen o acrediten el buen trabajo que vienen realizando a lo largo de tantos años.






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