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Red Internacional

REFORMAS ESTRUCTURALES. Pensiones: demagogia neoliberal y fortalecimiento de las AFP

Por cadena nacional el presidente Piñera anunció el proyecto de pensiones. Cinco puntos principales condensan la propuesta del gobierno que deja intacto el suculento negocio de las AFP y alienta a que se trabaje aún más de lo que ya se hace en Chile.

Lunes 29 de octubre de 2018 | 05:11

Tras el triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil, el presidente Piñera- además de felicitar vía twitter al reaccionario nuevo mandatario apenas se dieron a conocer los resultados- anunció por cadena nacional el proyecto de pensiones que contiene, principalmente, cinco puntos clave.

Con una fuerte demagogia neoliberal y un discurso de “derecha social” preocupada supuestamente de los adultos mayores y la miserable realidad que viven producto de la existencia de las AFP- creadas por su hermano José Piñera-, el presidente anunció los puntos centrales del proyecto. Pero, antes de eso, hizo una análisis de las “causas” de las pensiones de hambre: 1) ahorro previsional es solo del 10%; 2) las bajas pensiones son producto del desempleo, y de las lagunas previsionales, y además por los sueldos bajos; y 3) aumento en las expectativas de vida.

Sin cuestionar el miserable sueldo mínimo que recibe una gran mayoría de la clase trabajadora chilena- catalogado por organismos internacionales como “mini salario mínimo”-, como un aspecto concreto que deriva en jubilaciones miserables, Piñera planteó los siguientes ejes: 1) aumentar el ahorro previsional de los trabajadores en un 4%, que sería financiado por el empleador; 2) fortalecer el Pilar Solidario a un 1,12% del PIB (US$1.000 millones), a cargo del Estado; 3) aumento de los aportes del Estado para los pensionados de clase media y las mujeres; 4) elevar el aporte del Estado para aquellas personas que opten “libremente” por postergar su actividad laboral, es decir, un llamado a trabajar aún más de lo que ya se hace en uno de los países con jornada laboral más extensa; y 5) la intromisión en el negocio de más instituciones- como nuevas AFP, cajas de compensación y créditos, entre otras- que podrían administrar ese 4%.

Además, Piñera anunció la creación de un Seguro Solidario para financiar una pensión para jubilados no autovalentes, con 0,2% a cargo del empleador. El costo de la reforma a las pensiones ascendería a US$3.500 millones.

Demagogia con bonos que no cambiarán las pensiones de hambre y más negocio privado

Al finalizar la cadena nacional Piñera aprovechó de hacer un llamado a todos los parlamentarios del oficialismo y de la oposición- sí, aquellos que matuvieron intactas las AFP durante por lo menos 20 años- a que aprueben el proyecto del gobierno que, en palabras del mandatario, “es justo y sabio”.

¿Justo para quiénes? Lo fundamental del proyecto de pensiones del gobierno es que mantiene intacto el suculento negocio de las AFP, no le toca ni un poco las ganancias de los empresarios dueños de las administradores de fondos; al contrario, abre paso a que más instituciones privadas metan sus manos en las jubilaciones de millones de trabajadores y trabajadoras. En nombre de la “competencia”, la iniciativa contempla que nuevas AFP, cajas de compensación y créditos, entre otras entidades, ingresen al negocio de las pensiones y administren el 4% mencionado.

El anuncio de Piñera es más bien una profunda demagogia neoliberal, disfrazada de un “discurso social” y de “preocupación” con los sectores más precarizados, que mediante bonos y ciertas concesiones mantiene la lógica neoliberal del sistema de pensiones y profundiza el negocio privado. El proyecto del gobierno no cambiará en nada sustancial las jubilaciones miserables que recibe la mayoría de la clase trabajadora.

La iniciativa no solo fortalece el negocio privado en materia de pensiones, sino que contiene una lógica sumamente precarizadora, que apela a que las personas deban trabajar aún más para recién poder optar a recibir pensiones un poco más elevadas. El proyecto es anunciado bajo un “ropaje social”, pero es falso, porque su estructura continúa siendo profundamente neoliberal. Está creado para favorecer a los grandes capitales, a los grupos empresarios que durante décadas se han llenado los bolsillos a costa del trabajo de toda una vida de millones de personas.

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Por eso no es casual que Piñera comparta el programa económico con un personaje aberrante como Bolsonaro, que en Brasil quiere privatizar las pensiones y seguir el ejemplo de Chile; de un país que fue experimento del imperialismo norteamericano y laboratorio de la implementación del modelo neoliberal que barrió con cada uno de los derechos básicos y elementales del pueblo trabajador. No por nada el reciente presidente electo de Brasil pondrá como ministro de Hacienda a un “Chicago Boys” como Paulo Guedes, quien estuvo durante la dictadura de nuestro país estudiando cómo arrebatarle los derechos al pueblo trabajador, cómo golpear a los sectores más precarizados, y abrirle camino a los capitales extranjeros para que saqueen los recursos naturales y hagan negocio a destajo.

El proyecto de pensiones del gobierno deja en claro que el negocio privado de las AFP no será tocado, por lo menos no por parte de la derecha, ni por el hermano de su creador. También muestra que el aumento en las pensiones, mediante bonos y concesiones, no cambiará cualitativamente las jubilaciones paupérrimas que existen, porque para eso hay que partir del mísero sueldo mínimo actual, que sigue estando muy por debajo del valor de la canasta familiar de $450.000, y que obviamente impide que las pensiones aumenten de manera considerable.

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Ahora bien, no hay que perder de vista el rol nefasto de todos los gobiernos de la ex Concertación y ex Nueva Mayoría, que durante 20 años de gobierno no fueron capaces de eliminar el sistema de AFP- al contrario, lo administraron, al igual que el conjunto de las herencias de la dictadura-, ni tampoco de aumentar el sueldo mínimo para que responda realmente a las necesidades del pueblo trabajador. Mostraron no ser ninguna alternativa ante el modelo neoliberal y capitalista existente y, peor aún, sus sectores han sido parte de escandalosos negocios y fraudes al Estado como vimos con SQM, caso Caval, negocios en la educación, entre otros.

La actuación del Frente Amplio en estos meses de gobierno, y siendo parte activa de la Coordinadora No + AFP, además de dirigir diversos organismos de representación, también ha sido bastante paupérrima y de una profunda subordinación a la “oposición concertacionista” y su “progresismo”. Se expresó claramente en la reciente movilización del 24 de octubre, donde cumplieron un rol más bien desmovilizador, basado en su estrategia parlamentarista “para enfrentar a la derecha”, de movilizaciones aisladas y de “hitos”, y por fuera de buscar ser un factor en la organización en los lugares de trabajo y estudio, de trabajadores, estudiantes, mujeres, como única vía para poder hacer frente a las reformas neoliberales del gobierno.

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En vez de apoyarse en la fuerza que expresaron movilizaciones anteriores por No + AFP que congregaron a un millón de personas en todo el país, la política de las burocracias y cúpulas sindicales- del Frente Amplio y también del Partido Comunista-, de movilizaciones aisladas de “presión” para negociar en mejores condiciones en el parlamento, buscando aliados en la “oposición”, lo único que hace es desmovilizar y abrir el camino a que pasen las reformas del gobierno.

Si queremos frenar el proyecto neoliberal de pensiones del gobierno, debemos ser millones en las calles, en un gran movimiento nacional de trabajadoras y trabajadores, jubilados, estudiantes, mujeres, pobladores, que continúe la lucha por No + AFP y se proponga conquistar un sistema de reparto estatal, solidario, tripartito, y gestionado por trabajadores y jubilados. Necesitamos superar la política de las direcciones y encaminar un verdadero plan de lucha nacional para que seamos millones organizados en las calles y en los lugares de trabajo y estudio. El 8 de noviembre, paro nacional convocado por la CUT, es una oportunidad para ello.

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