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Red Internacional

Pelicula.“Never, Rarely, Sometimes, Always”, un retrato de expulsión y abandono

Una película escrita y dirigida por la neoyorquina Eliza Hittman, en Estados Unidos/Gran Bretaña, del año pasado.

Viernes 6 de agosto | Edición del día

Esta película se enmarca en un contexto donde el feminismo ha ido cobrando importancia y creciendo a nivel global. Nos encontramos ante generaciones de mujeres y disidencias que han vivido siglos de opresión sistematizada, constante; movimientos como el #metoo y el NiUnaMenos, lograron instalar en los medios a nivel global estas disconformidades y avanzar en la conquistas de algunos derechos.

Las miradas disruptivas de lo hegemónico, como suele suceder, se ven reflejadas en el arte. El film es un ejemplo, ya que retrata la violencia cotidiana de la que son víctimas dos mujeres, que tienen nombre, pero que sin embargo podrían ser cualquiera, violencia que es reproducida por la sociedad en todas sus esferas, y de manera sistemática. Una de ellas, Autumn, tiene 17 años, descubre estar embarazada, y al no tener alternativas en su pueblo natal en Pennsylvania, decide ir con su prima Skylar a Nueva York, en búsqueda de interrumpir su embarazo en una clínica que lo habilite, ya que en Estados Unidos, no todos los estados tienen las mismas regulaciones ni se manejan ante estas situaciones de la misma manera.

¿A qué remite el ser o estar mujer? El vivir en un cuerpo sexuado en clave femenina.

Meri Torras en su texto “El delito del cuerpo”, del año 2007, nos habla de la presunta evidencia femenina y las experiencias que lleva asociadas. ¿Qué no calla un cuerpo?, ¿un cuerpo lo dice todo?, ¿es un cuerpo una evidencia? El personaje de Autumn porta en su cuerpo las marcas propias de la negligencia, el abandono, la violencia, la falta de educación sexual, y tantos otros abusos que la llevan al punto de encontrarse siendo una adolescente transitando un embarazo no deseado.

El film está plagado de silencios, de miradas, de pausas y monotonía. Las escenas son largas y pesadas, y es justamente todo aquello que se omite de poner en palabras lo que queda como suspendido en el aire y en los cuerpos de las protagonistas. Seremos espectadores de ese desgaste que sufren ambas, al enfrentarse a un sistema que una y otra vez intenta no sólo expulsarlas sino demolerlas, derrumbarlas.

Autumn llega a la primera clínica que visita en su ciudad natal con la intención de interrumpir su embarazo, y se encuentra con una consejera que pretende violentar su percepción acerca de lo que está viviendo, sintiendo, para plantearle una visión homogeneizadora de aquello que significa estar embarazada.

“Más que tener un cuerpo
o ser un cuerpo, nos convertimos en un cuerpo y lo
negociamos, en un proceso entrecruzado con nuestro
devenir sujetos, esto es individuos, ciertamente, pero
dentro de unas coordenadas que nos hacen identificables,
reconocibles, a la vez que nos sujetan a sus determinaciones
de ser, estar, parecer o devenir”

Autumn no tiene casi recursos para sobrellevar esta expulsión consistente a la cual tiene que enfrentarse. Quiere interrumpir su embarazo, pero el sistema mismo y todes quienes pertenecen a él, le marcarán la base de la violencia estructural de la cual son víctimas diariamente.

Graciela Morgade en “Aprender a ser mujer, aprender a ser varón” (2012) nos habla del conjunto de expectativas y valores sociales establecidos para “lo femenino” y “lo masculino”, que constituyen el sistema de “relaciones de género”. Como vemos en la película y en el mundo no ficcional, las mujeres y disidencias tienen altas probabilidades de sufrir violencia física por parte de sus padres, hermanos, pareja. Si bien sabemos que se han hecho grandes modificaciones de la experiencia de aquellas personas que no se ajustan a los cánones hegemónicos patriarcales, también sabemos que todavía se pueden observar innumerables prácticas que permanecen inmutables, una gran tensión entre lo que permanece y lo que cambia. Un ejemplo de esto es como aún se sostiene socialmente en algunos sectores, el discurso de lo “natural”.

Los varones aparecen en el film como el galán que no entiende lo que es una invasión del espacio personal, o como el padrastro que desvaloriza, violenta y suponemos también, abusa sexualmente.

Autumn atraviesa su adolescencia como un momento crudo, y dónde el ser mujer como sujeto social, la expone a una infinidad de micro violencias y sujeciones. En este caso particular, y para hacer mención de una de las escenas más duras de la película, presenciamos al personaje golpearse el estómago, ya derrumbada, viéndose afectada de tal manera por no lograr hacer de su cuerpo una decisión, que termina recurriendo a métodos desesperados y altamente peligrosos.

El clímax de la película es cuando la adolescente finalmente puede descargar algunas de las situaciones que ha tenido que transitar como mujer, cuando se quiebra en Nueva York frente a una asistente social, que pretende enmarcar su vida, sus experiencias altamente dolorosas, en un cuestionario multiple choice.

“La sociedad insiste en controlar lo disruptivo.
Situaciones o comportamientos que generan tensión
dentro del orden establecido”.

(Patteta y Vicari, Filosofía de la corporalidad, p13)

La película es una gran vidriera de este acontecer conflictivo del cual somos partes las mujeres y cuerpos gestantes. Nos encontramos ante la sensación vívida de ser controladas y vigiladas, algo que se arrastra desde el discurso médico positivista y la influencia de teorías deterministas, biotipológicas y reduccionistas. Este discurso reduce nuestra subjetividad y libertad, la menosprecia, queda soslayada a lo que se enmascara dentro del discurso naturalista.

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