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Red Internacional

¿QUÉ EXPRESARON LAS MARCHAS DEL 1º DE MAYO?Movimientos desiguales y desafíos de los trabajadores

Las marchas del 1º de mayo tuvieron escasa concurrencia, tras recibir dos recientes golpes políticos, como el fallo del TC y el fin inconsulto del paro en Atacama; y una contradicción que atraviesa a los trabajadores que replantea viejos desafíos.

Lunes 2 de mayo de 2016 | 13:58

Una relación de fuerzas desfavorable

La escasa convocatoria del 1º de mayo en las distintas convocatorias, las reducidas columnas sindicales plantea desafíos al movimiento de los trabajadores ante las tareas que se le presentan.

Estas tareas están dadas principalmente por una relación de fuerzas general con la clase burguesa, los empresarios, que le es favorable.

Y se traduce en la coyuntura en fuertes ataques empresariales y del Gobierno. Algunos ejemplos: Miles de despidos, concentrados en la minería y la industria del salmón, pero que se extienden, con una dinámica en el desempleo que tuvo un punto de inflexión en los últimos meses, aumentando a más del 9% en Santiago. La represión en las huelgas y movilizaciones son permanentes, incluyendo el asesinato del trabajador subcontratista de la minería Nelson Quichillao. La intransigencia del Gobierno, la pretensión de hacer pagar los costos de la desaceleración económica, son una constante, con frases como “moderar las expectativas”, o los rechazos a cada demanda. Los abusos anti-sindicales son moneda corriente, como los reajustes de contratos en el retail preparándose para una eventual aprobación de la reforma laboral.

La reforma laboral aprobada, de tono pro-empresarial por parte del Gobierno, y después reforzado este tono por el fallo del Tribunal Constitucional. Ataques políticos y sindicales para sostener la alta explotación que se refleja en las condiciones de trabajo y de vida, con bajos salarios (70% gana menos de 370.000 pesos), y una salud, educación y jubilación privatizadas encareciendo y degradando la vida. También, para mantener las trabas a la organización sindical, con la subcontratación para dividir a los trabajadores y debilitar a los sindicatos, y el Código Laboral anti-sindical que aún rige y ahora se refuerza con la reforma laboral, sin derecho efectivo a huelga, sin real poder sindical.

De conjunto, el movimiento de los trabajadores lucha a la defensiva. Pero, lucha.

Nuevas tendencias en la lucha de los trabajadores

Los últimos años, desde el 2006/2007, con flujos y reflujos, la clase trabajadora ha retomado una nueva dinámica de movilización. Esos años, se mostró la capacidad de los trabajadores subcontratistas de organizarse y movilizarse, protagonizada por los subcontratistas de Codelco, los forestales y los salmoneros.

El 2011 abrió un nuevo ciclo de la lucha de clases, que puso en cuestión, sin modificarla, la relación de fuerzas general, que cambió la agenda política nacional desplazándola a la izquierda, aunque sigue usurpada por distintas variantes de los partidos patronales como el Gobierno de la Nueva Mayoría con su Programa.

Es que el protagonista de aquel año, el movimiento estudiantil, actuó, como decía Trotsky, como “caja de resonancia de las contradicciones del conjunto de la sociedad”. En sus palabras: “en el estudiantado se reflejan a toda potencia, exactamente como en una cámara de resonancia, los intereses y aspiraciones sociales generales de las clases en que es reclutado. En el curso de toda su historia –tanto en sus momentos heroicos, como en los períodos de atonía moral- el estudiantado europeo fue más que el barómetro sensible de las clases burguesas. Se hizo ultrarrevolucionario, fraternizó sincera y honradamente con el pueblo, cuando la sociedad burguesa no tenía otra salida que la revolución. Sustituyó de hecho a la democracia burguesa cuando la mezquindad política de ésta última no le permitió ponerse al frente de la revolución, como sucedió en Viena en 1848. Pero el estudiantado ametralló a los obreros en junio del mismo ‘48, en París, cuando la burguesía y el proletariado se encontraron en lados opuestos de la barricada. [...] En todas estas metamorfosis históricas, incluyendo las más repelentes, el estudiantado reveló sentido político, capacidad de sacrificio e idealismo combativo [...] El contenido político de ese idealismo viene determinado íntegramente por el genio de las clases de que procede el estudiantado y a las cuales retorna”.

Con sus grandes movilizaciones, impactó a sectores de los trabajadores que ese año se movilizaron o apoyaron a los estudiantes, y ganaron confianza en sus propias fuerzas.

Desde el 2012 a esta parte, la tendencia a las huelgas, paros y movilizaciones ha sido ascendente, con un bache el año 2015.

Frecuencia Huelgas y paros
Año 2012: 148
Año 2013: 247
Año 2014: 386
Año 2015: 338

Pero, no es solo esta dinámica. Es su carácter. Se abrió una tendencia al aumento de la protesta social con características de mayor ilegalidad y combatividad, de todas las fracciones sociales (trabajadores, estudiantes, vecinos, pobladores, etc), su sello son los bloqueos, los cortes de rutas y caminos, las tomas de lugares públicos y lugares de trabajo.

Dinámica frecuencia de Cortes, bloqueos y tomas
2º semestre 2012: 74
Año 2013: 229
Año 2014: 326
Año 2015: 555

Dentro de estas acciones más combativas, destaca una tendencia creciente a la toma o bloqueos al acceso de los lugares de trabajo. El 2015 hubo más de 70 acciones de este tipo.

Tampoco es solo esta mayor combatividad. Surgen nuevos fenómenos. Hay cinco que destacan, en su conjunto. El primero, la creciente disposición a la lucha, como se ve en los paros largos en el registro Civil, los profesores, los trabajadores públicos de Atacama. El segundo, que se retoman métodos combativos como los bloqueos de accesos a los lugares de trabajo, o directamente tomas, cortes de calles y de rutas, como vimos también en el Registro Civil, los trabajadores públicos de Atacama, los contratistas de Codelco ante el Acuerdo Marco, los profesores. El tercero, un ánimo contra las cúpulas burocráticas, como vimos entre los profesores en la llamada “rebelión de las bases”, con los trabajadores públicos ante la negociación del reajuste anual. El cuarto, las tendencias a la unidad, como vimos entre los trabajadores portuarios en los años pasados ante la media hora de colación o la huelga de Mejillones; y que, con los paros en solidaridad, muestran también una tendencia a salir de la lucha inmediata corporativa para reconocerse como clase.. El quinto, procesos de re-agrupamientos que se plantean la recuperación de las organizaciones sindicales de manos de las cúpulas burocráticas y sus políticas sindicales, y de colaboración con el Gobierno.

Fenómenos que se dan en el marco de una tendencia general subyacente. Con la reforma laboral, el Gobierno pretendía conciliar intereses: al mismo tiempo que fortalecer los sindicatos, otorgar a los empresarios una mayor flexibilidad laboral. Pero hubo un choque de intereses. Los empresarios se negaron intransigentemente a todo cambio a favor de los trabajadores. Los trabajadores pudieron comprobar en su propia experiencia que no hay conciliación posible con el empresariado. La conclusión, es que sí es de suma cero: o se imponen los intereses de los empresarios, o las justas demandas de los trabajadores.

Aún con estas tendencias, no se traducen en una mayor militancia de los trabajadores, sea sindical o política. Muchas son las explicaciones posibles. Hay al menos dos que podemos destacar. Una, que no se logran aún triunfos. En las vísperas de este 1º de mayo, hubo dos golpes. Uno, la aprobación de la reforma laboral pro-empresarial del Gobierno, después reforzado este carácter con el fallo del Tribunal Constitucional. El otro, el levantamiento inconsulto del paro combativo de 59 días de los trabajadores públicos de Atacama por parte de la mayoría de la dirigencia burocrática de la Mesa del Sector Público de la zona. Y es un punto clave.

El rol de las huelgas y de las dirigencias

No obtener victorias, actúa en lo inmediato como un límite de la mayor importancia a la hora de dar un paso más, de alentar la militancia de los trabajadores, ya sea sindical o política.

Aún así, con estas tendencias que veíamos, sale a la luz el rol que juegan las huelgas. Como decía Lenin: “Cuando los obreros se niegan a trabajar, todo este mecanismo (del capitalismo) amenaza con paralizarse. Cada huelga recuerda a los capitalistas que los verdaderos dueños no son ellos, sino los obreros, que proclaman con creciente fuerza sus derechos. Cada huelga recuerda a los obreros que su situación no es desesperada y que no están solos. Véase qué enorme influencia ejerce una huelga tanto sobre los huelguistas como sobre los obreros de las fábricas vecinas o próximas, o de las fábricas de la misma rama industrial. En tiempos normales, pacíficos, el obrero arrastra en silencio su carga, no discute con el patrono ni reflexiona sobre su situación. Durante una huelga, proclama en voz alta sus reivindicaciones, recuerda a los patronos todos los atropellos de que ha sido víctima, proclama sus derechos, no piensa en sí solo ni en su salario exclusivamente, sino que piensa también en todos sus compañeros, que han abandonado el trabajo junto con él y que defienden la causa obrera sin temor a las privaciones. Toda huelga acarrea al obrero gran número de privaciones, terribles privaciones que sólo pueden compararse con las calamidades de la guerra: hambre en la familia, pérdida del salario, a menudo detenciones, expulsión de la ciudad donde se ha acostumbrado a vivir y trabajar. Y a pesar de todas estas calamidades, los obreros desprecian a quienes abandonan a sus compañeros y entran en componendas con el patrono. A pesar de las calamidades de la huelga, los obreros de las fábricas vecinas sienten entusiasmo siempre cuando ven que sus compañeros han iniciado la lucha. Los hombres que resisten tales calamidades para quebrar la oposición de un solo burgués sabrán quebrar también la fuerza de toda la burguesía, decía un gran maestro del socialismo, Engels, hablando de las huelgas de los obreros ingleses (…) La huelga enseña a los obreros a adquirir conciencia de su propia fuerza y de la de los patronos; les enseña a pensar no sólo en su patrono y en sus compañeros más próximos, sino en todos los patronos, en toda la clase de los capitalistas y en toda la clase de los obreros. Pero la huelga abre los ojos a los obreros, no sólo en lo que se refiere a los capitalistas, sino también en lo que respecta al Gobierno y a las leyes”.

En resumen: ponen –objetivamente- en cuestión, el mecanismo del capitalismo; permite reconocerse como clase y como clase enemiga a los capitalistas; permite ganar confianza en las propias fuerzas.

Y agrega Lenin: “Por eso los socialistas llaman a las huelgas “escuela de guerra”, escuela en la que los obreros aprenden a librar la guerra contra sus enemigos, por la emancipación de todo el pueblo, de todos los trabajadores, del yugo de los funcionarios y del yugo del capital. Pero la “escuela de guerra” no es aún la propia guerra … La huelgas son uno de los medios de lucha de la clase obrera por su emancipación, pero no el único, y si los obreros no prestan atención a otros medios de lucha, con ello demoran el desarrollo y los éxitos de la clase obrera”.
Son escuelas de guerra, preparaciones para el combate contra la clase capitalista en su conjunto.

A su vez, el rol de las dirigencias es clave. Y el contraste entre estas y las tendencias y nuevos fenómenos que vimos en las luchas de los trabajadores es profundo. Podemos decir con Trotsky que “las masas tienen muchas más cualidades, audacia y decisión que los jefes”.

Es un hecho. Los 59 días de Atacama con paros, cortes de calles y rutas, tomas de edificios públicos, paro nacional en solidaridad de un día, enfrentamientos con la policía represora, conquista de la adhesión de otros sectores sociales, contrasta con la decisión inconsulta de la mayoría de los dirigentes burocráticos de terminar el paro. La política de lobby parlamentario de la dirigencia burocrática de la CUT, contrasta con lo que mostró su propia y tardía convocatoria a un “paro nacional”, que movilizó en Santiago a casi 20.000 trabajadores, con sus sindicatos y organizaciones de izquierda, no por la credibilidad de la dirigencia, sino porque hay múltiples razones por las que movilizarse, demandas salariales, de condiciones laborales, indignación con la corrupción; de hecho el discurso del palco fue seguido por una minoría de los presentes.

Muchos grupos de izquierda critican que se hable de las “traiciones”. Vimos que muchos trabajadores de base hablan de “traición” de sus dirigencias, como en la movilización por el reajuste del sector público el 2015; unos siguen luchando y organizándose, otros se desmoralizan. Pero se ve claramente en este contraste que señalamos: la enorme fuerza que despliegan los trabajadores en sus luchas, y la política de las dirigencias de entregarlos a los pies del Gobierno, el Parlamento o los empresarios. Esta es una contradicción fundamental que hay que resolver.

Las estrategias y políticas de las organizaciones sindicales y de la izquierda

Las dirigencias burocráticas de los partidos burgueses, como la DC, en el movimiento obrero, o reformistas, como el PC, cuando llevan a las derrotas, lo que hacen es “culpar” a las bases. Dicen, que los sindicatos son débiles, de papel, que las bases no se movilizan. Hay un elemento real, las trabas impuestas por la relación de fuerzas general. Pero hay fundamentalmente su intención de impedir que los trabajadores saquen conclusiones y vean el rol de estas dirigencias burocráticas.
Ante esto, surgen reagrupamientos críticos, por izquierda, signos de los fenómenos más profundos, que no cuajan aún en nuevas organizaciones del conjunto de la clase y nuevas orientaciones políticas. Critican correctamente a las dirigencias burocráticas de la CUT. Pero mantienen las mismas prácticas burocráticas, Muchos de estos, a su vez, hoy día, actúan con acciones llamativas y mediáticas. Ante esto, podemos recordar las palabras de Trotsky criticando las acciones ultraizquierdistas como por ejemplo la de “electrizar a las masas”: “se esfuerza en desencadenar huelgas sectoriales para abrir el camino a una lucha de masas. Los éxitos en este terreno son magros. Como siempre, los stalinistas se entregan a la ‘autocrítica’: ’Todavía no sabemos organizar’, ‘todavía no sabemos dirigir’, además ‘no sabemos’ significa siempre ‘ustedes no saben’. La teoría de triste memoria de las jornadas de marzo de 1921 hace su reaparición: ‘electrizar’ al proletariado mediante acciones ofensivas minoritarias. Pero los obreros no tienen ninguna necesidad de ser ‘electrizados’. Quieren que se les den perspectivas claras y que se les ayude a crear las premisas de un movimiento de masas”.

De lado y lado, muchos critican, se lamentan de la relación de fuerzas general, como si fuera algo estático. O del poder de la clase burguesa con sus instituciones. Pero ese es el escenario objetivo en el que nos toca luchar, un dato del problema.
Y aquí tenemos que relacionar tres otros problemas. El problema central de rol de las dirigencias burocráticas, que choca con las tendencias generales que planteamos y el rol de las huelgas, se relaciona a su vez con un tercer problema: el de la estrategia. Recordando nuevamente a Trotsky: “Si, en ciertas condiciones, los bolcheviques desencadenaron resueltamente huelgas en el interés de la revolución, en otras condiciones, siempre en interés de la revolución, disuadieron a los obreros de entrar en huelgas. En ese terreno, como en los demás, no hay receta predeterminada. La táctica de las huelgas para cada período se integra siempre en una estrategia global”. El problema es el de esta estrategia global.
La dirigencia burocrática de la CUT, tiene como estrategia la subordinación de los trabajadores a alguna variante burguesa, la progresista contra la conservadora o reaccionaria. Por eso, entrega las luchas como la de Atacama, o el debate de la reforma laboral, a la Nueva Mayoría, conduciendo a derrotas.

Se necesita otra estrategia política y sindical para la clase trabajadora.

Aún con todos los obstáculos que se levantan, se abrió un nuevo ciclo de la lucha de clases, poniendo la relación de fuerzas general en cuestión. Hay que prepararse para vencer, obtener victorias.

Construyendo una organización como fracción revolucionaria del movimiento de los trabajadores, que se prepare para la lucha contra las cúpulas burocráticas está en el centro, para lograr la unidad de las filas de toda la clase trabajadora, en una nueva Central UNICA de Trabajadores, sin cúpulas burocráticas, con independencia de clase, combativa, anti-capitalista, basada en la democracia directa de los trabajadores y en los métodos de la lucha de clases.

La democracia directa de los trabajadores es esencial a una nueva política y una nueva organización de los trabajadores: La asamblea como método de organización desde la base y los delegados revocables con sus organismos como la lucha por formas cuerpos de delegados en cada lugar de trabajo, es la base para desarrollar la más amplia unidad de los trabajadores, incluso superando la división entre sindicalizados y no sindicalizados, trabajadores de planta y subcontratistas, como fueron históricamente los “Comités de Fábrica” o los “Cordones Industriales”. La democracia obrera, es clave en la estrategia por la auto-organización de los trabajadores en la lucha por la conquista del poder mediante la revolución obrera, que inicie el camino al socialismo. Así, sin estrategia revolucionaria se reproducen las formas burocráticas de organización del reformismo, como los encuentros cerrados, las “coordinaciones” en 4 paredes, los dirigentes que dejan de trabajar y no una práctica constante de ampliar nuevos sectores, con lucha política abierta, desarrollando las asambleas y coordinación lo más amplias y democráticas posibles. Las organizaciones de este nuevo movimiento de los trabajadores pueden ser un referente y un punto de encuentro.

Se trata de desarrollar en forma revolucionaria las tendencias que con flujos y reflujos se abren paso, luchando en condiciones defensivas, sin triunfos todavía. Desarrollando la unidad de acción de los trabajadores y sus organizaciones. Contribuyendo a la formación de un nuevo movimiento de los trabajadores que, cuando crujen todas las instituciones del régimen, tome en sus manos la tarea de derribar revolucionariamente todas las herencias de la dictadura, las tareas democráticas planteadas, desarrollando organismos de democracia directa, de auto-organización, con una política de clase independiente, tanto de los intentos de maquillaje de los sectores progresistas de la Nueva Mayoría, como las defensas inamovibles de los sectores reaccionarios de la derecha, construyendo un partido revolucionario de la clase trabajadora.




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