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Las primeras luchas locales y la necesidad de organizar la ofensiva estudiantil

Se debe preparar al movimiento estudiantil para ponerlo a la ofensiva. Para esto, es necesario coordinar las diversas iniciativas de base. Una apuesta de aquello la hacemos en el Cordón Macul, ligando al Pedagógico con el Campus Juan Gómez Millas, en una unidad de acción para organizar la movilización.

Dauno Tótoro

Santiago

Miércoles 11 de mayo de 2016 | 19:16

A comienzos del año académico, en Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile se desataparon los casos de acoso sexual por parte de académicos contra estudiantes y profesores. Lo que mostraba de fondo la situación era el machismo imperante en la academia y la falta de democracia interna para que los y las estudiantes, junto a los funcionarios, pudiesen decidir al respecto.

Como estudiantes de la Agrupación Combativa y Revolucionaria (ACR) y de Vencer, la FECh para las bases, nos sumamos a dicho proceso, denunciando lo antidemocrático del Gobierno Universitario, desde Rectoría hasta la Dirección de los distintos Departamentos.

Esta lucha, que llevó a la desvinculación de Fernando Ramírez, profesor acusado, y abrió enormes perspectivas respecto a la democratización interna, a su vez, se concatenó temporalmente con dos importantes procesos: primero, la movilización de los y las estudiantes de Danza, que se vieron sin espacios para desarrollar sus clases, y llevaron adelante una lucha en conjunto a las tres Facultades de Artes de la Universidad de Chile. Y segundo, con la lucha de los y las estudiantes de la Facultad de Derecho, que se movilizaron contra las expulsiones “por motivos” académicos, que reflejaban, de fondo, el mismo autoritarismo universitario presente en Filosofía y Humanidades. Es decir, la ausencia de instancias donde profesores, estudiantes y funcionarios decidan sobre el rumbo de sus instituciones.

Para unificar esas luchas, nuestros compañeros y compañeras de Vencer impulsaron junto a cientos de estudiantes, la realización de una Asamblea Interfacultades que buscaba ligar las diversas luchas locales y permitirle al estudiantado actuar en conjunto. Porque no sólo era necesario para obtener la conquista de dichas demandas particulares, sino que también para avanzar a un cuestionamiento más profundo del fondo del problema: los estatutos dictatoriales y la poca o nula democracia de nuestros lugares de estudio y la mercantilización de la educación. Y para enfrentar ese problema, la clave era la unificación y la coordinación desde la base.

10 años de lucha por la educación gratuita: a organizar la ofensiva

La tarea fundamental para el movimiento estudiantil es ligar esas luchas locales, esos ánimos, y pasar a la ofensiva, luego de meses sin movilizaciones nacionales, y mientras las dirigencias mantienen una práctica política que ha llevado a que prime la desorientación en las bases de las diversas Federaciones.

En esa línea es que desde el Cordón Macul, espacio que comprende el Campus Juan Gómez Millas de la U Chile, la UMCE (ex Pedagógico) y la UTEM, planteamos la necesidad de levantar una Asamblea del Cordón, para desde ahí impulsar acciones que potencien la ofensiva. Que lleven la discusión a un plano nacional, y que entreguen perspectivas de acción concretas para el estudiantado. En ese sentido es que la ofensiva estudiantil debe prepararse. Requiere un plan de lucha que nos articule y nos permita desplegar toda la fuerza del movimiento estudiantil. Que haga pasar de lo local a lo nacional, y que ligue todas las diversas luchas “defensivas.
Las mismas direcciones de la CONFECH (Izquierda Autónoma, Unión Nacional Estudiantil, Frente de Estudiantes Libertarios), no han sido capaces de entregar una caracterización clara hacia las próximas movilizaciones, generando desorientación y desorganizando, lo que deviene en una situación llena de desniveles en el movimiento estudiantil: un escenario con luchas dinámicas, pero defensivas y aisladas.

Y es que dan un doble discurso: por arriba, en la prensa, hablan de ofensiva estudiantil, presionados por el giro a derecha del Gobierno y su intento de aprobar la reforma; y por abajo, no organizan dicha ofensiva, quieren mantener las marchas por hitos y como rutinas folklóricas.

En el año de la reforma educativa, con un Gobierno y un Parlamento profundamente deslegitimados por los casos de corrupción, en un momento en que otros sectores, como los funcionarios públicos, profesores, entre otros, vienen saliendo paulatinamente a la escena, el movimiento estudiantil debe retomar la movilización. En esa línea debemos apostar a organizar prácticamente la ofensiva. Fortalecer la coordinación desde la base, articular los ánimos que buscan movilizarse, y desde ahí levantar un plan de lucha, con fechas claras, con jornadas de movilización nacional, que busque la ligazón con los trabajadores, que nos permita imponer nuestra propia agenda, y definitivamente, que nos lleve a vencer.






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