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Red Internacional

Imaginen agregar a toda esa realidad escabrosa, de violencia sistemática de las residencias del Sename, la dimensión de ser niña.

Javiera MárquezSantiago de Chile

Sábado 27 de marzo | 14:13

El 23 de marzo circuló el video que puso, una vez más, en el ojo de la opinión pública al Sename. Sin embargo, solo tres días antes fue publicada en El Mostrador una nota llamada “Vida, adicción y muerte de Náyade” una historia y una niña real con un nombre ficticio sobre cómo entra a conjugarse la dimensión de género en la infancia vulnerada, poniendo en antecedente que si los niños no reciben la contención psicológica necesaria, intenta dimensionar la doble dificultad a la que son arrojadas las niñas, la mayoría de ellas víctimas de violencia sexual.

Es un retrato de los tantos que fueron abordados para el estudio publicado hecho por el Hogar de Cristo “Ser niña en una residencia de protección en Chile” lanzado este 17 de marzo de 2021.

Náyade fue ingresada a los 9 meses por primera vez al Sename, a los 10 años ya tenía daño orgánico severo por consumo de pasta base y tolueno, a los 16 ya tenía diversas enfermedades de transmisión sexual, por las cuales fue perseguida por un sicario con amenazas de muerte de una mafia de colectiveros a los que había contagiado y que buscaban venganza. Esto, según el testimonio de Carolina Reyes quien estuvo con la niña durante tres meses que es el tiempo máximo para permanecer en el que fue el primer y único programa residencial en el país para mujeres adolescentes infractoras o no de ley, con consumo problemático de alcohol y otras drogas.

Tres meses es lo que ofrecen para recuperarse a niñas que han sufrido lo insoportable, esa es la prioridad que da este gobierno que saca decretos urgentes para rescatar sus inversiones en Enjoy, pero se llena la boca diciendo que los niños son primero.

Pero no es un problema solo de este gobierno, es el Estado de Chile el responsable de la vulneración de la infancia pobre. Basta ver cómo dan recursos a instituciones con miles de denuncias de violaciones de Derechos Humanos como lo es Carabineros, que usan sus armas contra bebés de poblaciones populares como vimos dos veces en una semana en Puente alto en Bajos de Mena. O las más de 1.300 muertes de niños bajo la institución del Sename en una década.

Más de 1.300 muertes de niños/as en los últimos 10 años: ¡Abajo el Sename!

Violencia sexual, drogas y tráfico sexual: el círculo al que no sobrevivió Náyade

Algunos de los antecedentes que se desprenden de este artículo sobre la vida de esta niña es sobre cómo el factor género hace que se repitan patrones de abuso sexual, la incidencia que tiene el trauma y abandono en el consumo problemático de drogas y la explotación sexual comercial infantil.

Las razones por las cuales llegan las niñas a estas residencias también tienen un claro sesgo de género, siendo el abuso sexual una causal que corresponde a un 85,2% en niñas, mientras que en niños un 14,8%; la violación representa un 92,7% a diferencia de los varones que es de un 7,3%; situación de calle 66% versus un 34% y la explotación sexual que en el caso de las niñas alcanza un 100% versus un 0% en niños, entre otros índices que ponen en evidencia la doble vulneración que sufren las niñas.

Tabla recogida de “ser niña en una residencia de protección en Chile”

No son solo datos, son historias de niñas que muchas veces no alcanzan a ser mujeres como es el caso de Náyade, quien falleció a los 19 años, en situación de calle, en Renca, a la orilla del río Mapocho. Que con sus vidas pagan las deficiencias de un sistema que no les ofrece una perspectiva real para salir de ese círculo de violencia.

Un sistema que reproduce prejuicios machistas, vulnerando no sólo a los niños que no tuvieron la fortuna de una madre que pudiera hacerse cargo de sus cuidados (como si fuesen las exclusivas responsables de la crianza), sino también de las niñas que luego de sufrir múltiples abusos serán madres y serán juzgadas por no cumplir con el rol de cuidados a sus familias, que sistemáticamente las empujan al uso ´problemático de drogas para “evadirse”.

Según la trabajadora social Elizabeth Jiménez: “los hombres siempre son visitados por la familia. Madres y padres, parejas, hijos, están pendientes, preocupados. Las mujeres, en cambio, prácticamente no reciben visitas, no las va a ver nadie. Están solas, abandonadas, porque son motivo de vergüenza para sus familias. Es lo mismo que sucede en las cárceles”.

“Ellas soportan un mayor grado de reproche y rechazo social, que se traduce en un menor apoyo familiar y comunitario. Se les juzga como malas madres, malas hijas, malas mujeres. Son estigmatizadas, aisladas, censuradas, por eso, muchas ocultan lo que les pasa”.

Repercutiendo directamente en su psicología, son revictimizadas, sufriendo tantas carencias que no les permiten escapar de las redes de narcotráfico y comercio sexual, que se alojan en torno a estas residencias. Las niñas no diferencian que quien las prostituye no es precisamente su pololo.

Pese a esto, ellas son quienes tienen la doble dificultad de recibir tratamiento porque llegan con sus hijos, buscando ayuda que se les niega por esta doble carga, mientras que los varones se desligan de las crianza de sus hijos y reciben mayoritariamente la oferta de atención a condiciones como el uso problemático de drogas.

Mujeres, familia e infancia en el proceso constituyente

Uno de los debates necesarios que habrá que abordar en el proceso constituyente, es sobre cuál es la base de la sociedad, que actualmente pone a la familia como pilar. Sin embargo, desde el punto de vista del feminismo socialista señalamos que esta institución condena a las mujeres a estos prejuicios que en última instancia fomentan la violencia machista y ponen sobre los hombros de las mujeres las tareas de cuidados de la infancia, enfermos y adultos mayores, obligándonos a una doble y hasta triple jornada de trabajo gratuito, en desmedro de nuestras propias vidas.

Es necesario poner en pie un sistema nacional de cuidados que socialice estas labores para que los cuidados de quienes son más vulnerables no dependa de la opresión femenina. Esto como un paso elemental para comenzar una batalla real contra la violencia machista que es fomentada por estos prejuicios sobre los roles que les corresponden a las mujeres como ser el pilar de la familia, que justifican un salario menor porque es concebido su trabajo como complementario al del varón, a su vez, las pone en una situación de dependencia económica para garantizar el cuidado de sus hijos e hijas, cuando el cuidado de la infancia debe ser una responsabilidad social, que debería ser garantizada por el Estado.




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