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Crisis sanitaria

Gobiernos y poderosos: La hipocresía frente al Covid-19

Para los medios de prensa oficiales la causa de los 30,8 millones de casos y más de 957.000 muertos en todo el mundo es el Covid-19 por sí solo, lo que deja muy por fuera del tablero la responsabilidad de los gobiernos y la miseria a la que el sistema de salud público ha sido arrojado favoreciendo el magno negocio de clínicas privadas y mostrando explícitamente el carácter de clase que tiene esta crisis.

Domingo 20 de septiembre

La pandemia vino a marcar la desigualdad de un capitalismo en decadencia. A nivel global se ha podido ver la crisis en los sistemas públicos de educación y salud, además de la terrible situación del acceso a la vivienda en continentes enteros como América Latina y África. En este sentido, las políticas de hambre de los gobiernos implicaron mayor desempleo, pobreza e indignación, factores que empeoran cada día más las condiciones de vida de millones de personas en el mundo, y que claramente favorecen únicamente a la casta de empresarios que en todo el mundo protegen sus riquezas a costa de las vidas del pueblo trabajador.

Durante el año pasado (y a lo largo de la historia) se ha considerado a Estados Unidos, Brasil y Chile dentro de los países mejores equipados para enfrentar un virus mundial, sin embargo, hoy lideran las tasas de contagio y letalidad junto con la Unión Europea.

Frente al Covid-19 los gobiernos como el de Trump, Bolsonaro en Brasil y Piñera en Chile se jactaron respecto sus sistemas de salud y encabezaron políticas de seguridad empleadas a base de multas contra el pueblo trabajador, difundiendo ampliamente frases como “quédate en casa” mientras todo el retail y grandes fábricas siguieron operando exponiendo a las y los trabajadores y sus familias.

Los países mencionados anteriormente son solo algunos ejemplos de cómo los gobiernos del mundo han respondido a la pandemia Covid-19, los cuales junto a los empresarios, son responsables de las 954.296 muertes, un conteo que incluso cabe poner en duda si consideramos que desde los primeros meses de la pandemia no existe certeza respecto al total de contagios, casos activos y fallecidos.

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Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) inste a no decaer en la batalla contra el Covid-19, los gobiernos del mundo han invertido millones y millones de dólares en represión, aún cuando las instituciones a financiar cargan con muertos y mutilados. Sin mucha diferencia entre países, es más que claro que la salud del pueblo trabajador es para los gobiernos y poderosos lo último en la lista de jerarquías, y la pandemia se comienza a transformar en un claro justificativo que perpetua el control de los estados sobre las masas de jóvenes, mujeres y trabajadores que desde inicios del 2019 se hicieron sentir en las calles.

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La pandemia vino entre otras cosas a recordar que la hipocresía de los poderosos no tiene límites, mientras hablan de vida asesinan, mientras hablan de libertad reprimen y mientras hablan de salud enferman, causan hambre y desempleo, sosteniendo a toda costa sus riquezas. Pero la fuerza del pueblo trabajador se ha hecho sentir en distintos países y muestra que organizado ampliamente con las mujeres, la juventud y los pueblos oprimidos, puede enfrentar el peor virus de todos y causal de tanta miseria: el capitalismo.






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