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Red Internacional

Opinión.Fuera Pinochet: No es más hijo predilecto de Arica

Pinochet figuraba como hijo predilecto de la ciudad de Arica desde junio de 1974. Desde el Colectivo Wila Pacha y Mujeres Memoria y Derechos Humanos impulsaron una recolección de firmas para que este decreto fuera derogado, luego de dos años la petición se votó en el concejo municipal. En este artículo te comentamos acerca de esto y de los residuos de dictadura que quedan no solo en las instituciones sino en la memoria obrera de la región.

Miércoles 20 de octubre | 04:29

Este martes 19 de octubre el Concejo Municipal de Arica puso fin al decreto que ponía a Pinochet como Hijo Predilecto de la ciudad con una mayoría de 10 votos a favor y 1 en contra. Como era de esperarse, la UDI con el concejal Max Shauer fue el único voto en contra de esta medida, y es que este partido es la viva imagen de quienes se favorecieron del Golpe Militar.

El colectivo Wila Pacha informó públicamente la existencia de este decreto el año 2019 en pleno contexto de estallido social, dando inicio a una campaña de firmas porque este fuese revocado, pero es recién ahora después de dos años se voto en el concejo.

Esta decisión es muy significativa, ya que la dictadura en Arica implicó muchas cosas, desde la militarización de la zona y la paulatina desindustrialización que dejó una sensación colectiva de abandono de la región que hasta 1972 había vivido el auge de la industria, con un fuerte peso de las organizaciones sindicales y asociaciones. En este sentido la política de Pinochet fue desbaratar toda posibilidad y forma de organización obrera-popular, no solo apresando y desapareciendo a dirigentes sociales, sino persiguiendo a toda persona que tuviera una militancia de izquierda.

Fue en 1986 donde se registraron los hechos más significativos en la memoria obrera y popular, periodo en donde se convocaron manifestaciones nacionales contra el régimen pinochetista y comenzaba a tambalear el proyecto neoliberal de la derecha.

Entre algunos hechos que se puede mencionar en Arica está la desaparición de Luis Pino Soto de 16 años, estudiante del actual Liceo A-1, situación que conmueve hasta nuestros días y como un caso inconcluso, se hace parte de la larga lista de desapariciones durante la Dictadura.

Otro hecho fue el atentado en la Iglesia del Carmen, donde suscitó un ataque a jóvenes que organizaban en ese momento en los comedores populares, este hecho ha sido catalogado como acción del grupo ultra derecha "Armagedón" que junto con Patria y Libertad, efectuaban provocaciones y ataques directos a estudiantes y pobladores. A esto se le suma que hasta el 2015 se registraron cerca de 17 centros de tortura que no están reconocidos públicamente como tales en la ciudad.

Abajo toda herencia de dictadura

La rebelión del 2019 mostró que hay una herencia de dictadura con la cual debemos barrer a toda costa, que mientras esto no sea así los derechos privatizados después del golpe seguirán alimentando bolsillos de poderosos y no las necesidades de las mayorías.

En este sentido la disputa por la memoria, para que se recuerde la historia del pueblo trabajador y popular, es también una batalla contra los residuos que dejó la dictadura en la conciencia de millones de familias que vivieron el golpe. Por ejemplo, la idea de que las y los trabajadores no debemos (o no podemos) hacer política porque los “partidos adoctrinan”, o que los partidos son meros instrumentos electorales y que por ende no sirven para organizarse, son ideas que cultivadas durante la dictadura dejan el camino llano a los operadores del régimen y a los falsos amigos del pueblo a que avancen sin ninguna fuerza que los detenga. Pero también son ideas que se han fortalecido a raíz de la desconfianza que generan quienes por años administraron el modelo, ex nueva mayoría, concertación, la derecha.

Si la clase empresarial puede tener sus herramientas políticas ¿por qué el pueblo trabajador y popular no? No son solo los muros de las propias instituciones que lo impiden, ni el costo millonario que no deja competencia con los partidos tradicionales, sino que la errónea idea de que no nos corresponde y que es sólo una tarea de tecnócratas y “experimentados”, o que por hacerlo "dejamos de ser pueblo".

Muy por el contrario a estas ideas, debe ser parte de la gran lucha que el conjunto de la clase trabajadora construyamos una alternativa de izquierda consecuente que reivindique la trayectoria y las experiencias del pueblo trabajador en la búsqueda por organizarse, que pelee sin titubeos contra toda herencia de dictadura, y que defienda un programa de las y los trabajadores contra el gobierno de los grandes empresarios y contra la impunidad de la que hoy gozan los represores.




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