Política Chile

La utopía de Boric: candidato pide a empresarios ceder pacíficamente parte de administración de sus negocios a trabajadores

En una polémica columna publicada en El Mercurio, el ahora candidato presidencial por el frente amplio, hizo publica una de las principales propuestas de su programa. Aquí la analizamos.

Joaquín Romero

Santiago de Chile

Lunes 22 de marzo | 07:53

Foto: Agencia Uno.

A principios de febrero Carlos Ruiz, profesor de la Universidad de Chile y candidato a constituyente, realizaba una interesante declaración con tono de profecía. El sociólogo sostuvo en un conversatorio junto a la candidata a alcaldesa Irascí Hasler (PC) el pasado 2 de Febrero que la capacidad de la derecha de determinar el escenario político hacía bastante plausible que gran parte del programa de la "Izquierda" no tuviese la viabilidad para ser aprobada por la Convención Constituyente.

Las declaraciones de este "ideólogo" del Frente Amplio fueron pronunciadas con la solemnidad académica de quien expone un gran descubrimiento científico. Transcurrido más de un año desde la firma del acuerdo por la paz Carlos Ruiz descubrió el quorum de los 2/3 que su partido firmó sin escrúpulos para concederle una paz a Piñera a cambio de un proceso constituyente carente de toda soberanía para determinar nada.

De la situación dada por las restricciones al proceso constitucional , Ruiz elude todo análisis serio de las causas que dieron origen a tales restricciones. Claro esta que de analizarlas tendría que auto incriminarse como responsable a el y a toda su coalición de haber suscrito tales restricciones con la derecha. Para evitar tal "incomodidad", el sociólogo propone una solución carente tanto de originalidad como de lógica política.

Su propuesta consiste que la "izquierda" debe centrarse en "una sola reforma", dado que la derecha literalmente concederá muy poco, que cambie la relación de fuerzas para disputar una "sociedad más democrática e igualitaria". Ruiz propone una reforma que entregue más poder a los sindicatos, fortaleciendo la negociación colectiva , la participación en las decisiones de las empresas o cualquier otra similar que aumente la "participación".

La impresionante falta de lógica de este planteo radica en que si el diagnóstico reposa sobre el hecho de que el poder fáctico de la derecha impedirá reformas importantes que afecten el interés empresarial, ¿por qué entonces permitirán una reforma que afecta la relación de poder en las empresas? ¿Esto ocurrirá solo por la concurrencia de la izquierda detrás de esta consigna lo que bastará para convencer a la derecha?

La propuesta presidencial de Gabriel Boric

Quién parece haber tomado la posta de elevar la propuesta de Carlos Ruiz a programa de gobierno es uno de sus discípulos , Gabriel Boric, actual candidato presidencial de Convergencia Social. El actual diputado publicó una columna en el Mercurio, medio preferente para dialogar con el gran empresariado chileno, en el cual da vuelta a como podría implementarse una medida que fortalezca la "igualdad en el plano laboral".

Boric va más allá de su maestro (aunque quizás para el actual presidenciable sea incomodo reconocerlo como tal) y plantea el problema desde otra arista. Para Boric no parece ser un problema, de hecho no existe ninguna alusión de aquello en su columna, el acuerdo por la paz y la restricción de los 2/3. Para Boric el proceso es una conquista de las calles y un "mínimo democrático" importante para avanzar como sociedad.

La incorporación de los cupos indígenas y la paridad de género parecen ser suficientes para legitimar el proceso. En sus palabras parece no importar el hecho del escaso tiempo del que disponen los representantes de los pueblos originarios en la franja electoral, a lo que se suma la amenaza constante de la militarización del Walmapu si los mapuche continúan con su movilización.

Tampoco el retroceso en 10 años de la inserción laboral de las mujeres producto de la crisis económica que los empresarios descargaron sobre la clase trabajadora con la excusa de las pandemia y que golpeo con mayor crudeza sobre las mujeres quienes deberán contentarse con tener paridad de constituyentes de las cuales muchas votaran en contra incluso de sus intereses.

Todo esto legitima el proceso a los ojos de Boric. Reglón seguido, el actual diputado desconoce tácitamente toda relevancia del proceso al proponer una reforma para obtener mayor participación de los trabajadores en la economía que perfectamente puede tramitarse en la agenda parlamentaria del actual congreso.

No podemos acusar de falta de astucia del candidato frenteamplista , toda vez que la discusión política del régimen y sus medios de comunicación gira en torno a la comedia presidencial y sus concurrentes. La elección del 11 de abril se ha develado como un hito para definir la relación de fuerzas entre los otros partidos.

Otra muestra más de que este proceso constitucional poco relevante será para tomar las decisiones trascendentales. El propio gobierno ha decidido apurar la discusión respecto al sistema de pensiones en el actual congreso y no esperar hasta la reunión de la convención. Lo natural es que el diputado ahora como presidenciable apunte a los espacios institucionales actuales para incidir en el debate público.

Claro esta que su útopismo termina por rayar en lo absurdo cuando plantea, que las mismas instituciones de los 30 años, los mismos empresarios que han mantenido la dictadura del código laboral que restringe , atomiza y persigue la organización de la clase trabajadora, ahora recapaciten y entreguen participación en los directorios de las empresas a los representantes de los trabajadores, en condiciones iguales a los accionistas.

La fuerza de los hechos y la promesa de un "futuro armónico" como el de Finlandia parecen ser argumentos suficientes según Boric para enternecer los corazones de Lucksic y los multimillonarios enriquecidos precisamente con la liquidación de toda participación de los trabajadores en la economía.

Supongamos que el "optimismo" de Gabriel logra contagiar a una mayoría parlamentaria y algunos empresarios desinteresados y la iniciativa propuesta llega a concretarse. Tal acontecimiento obligaría a los empresarios a transparentar sus libros de contabilidades, el detalle de sus cuentas bancarias, sus negocios en el extranjeros y toda clase de entendimientos que los empresarios mantienen constantemente ocultos de la opinión pública.

Develado sus negocios eso haría insostenible mantener el actual regimen salarial por ejemplo, lo que inevitablemente traerá conflictos en las empresas. Es por esta misma razón que los empresarios jamás accederán a una medida como esta. Ellos a diferencia de Boric no son nada de optimistas y mucho menos ilusos.

La lógica de la argumentación de Boric no ha avanzado ni un milimetro de la lógica que implementaba cuando era dirigente universitario. El mismo idealismo carente de viabilidad práctica que le permitía a las autoridades embaucarlos una y otra vez.

¿Para que exigir un claustro tirestamental para refundar la universidad con el voto directo para la comunidad de todas las autoridades universitarias? Mejor conformémonos - Decia el ex presidente FECH- con una comisión asesora con "paridad " de integrantes que convenza al rector de "democratizar la universidad". Casi una década ha pasado desde que Boric fue dirigente estudiantil y la Universidad aún no se democratiza.

Nosotros creemos que debemos efectivamente exigir que los empresarios trasparenten todos los negocios y beneficios obtenidos con las riquezas de chile. Pero no guardamos ninguna ilusión de que ellos accederán voluntariamente a hacerlo.

En vez de pedirles "mayor participación ", demanda abstracta por lo demás, no deberíamos luchar por construir una alternativa de izquierda que pelee por la perspectiva en la cual los trabajadores dirijan verdaderamente la economía y redistribuyamos la riqueza mediante un uso racional de los recursos naturales.

¿Si la convención constituyente no será la instancia que resolverá las demandas de octubre, si la derecha no cederá ni un milimetro del modelo, no deberiamos prepararnos para un inevitable enfrentamiento en vez de ceder nosotros ?

La respuesta empresarial

No demoraron ni 24 horas desde publicada la propuesta para que se sintiera el rotundo rechazo de los empresarios a la propuesta de Boric. El señor Sutil, presidente de la CPC,calificó la propuesta de absurda y poco realista, además de ser incompatible dado que los intereses entre empresarios y trabajadores "son distintos".

Los argumentos de Sutil , además de sinceros, se basan en que los ejemplos citados por Gabriel Boric (el caso Alemán y Finlandés) no constituiría una cogestión empresarial entre trabajadores y empresarios, sino una forma de participación en las ganancias de la empresa permitiendo la compra acotada de acciones a los sindicatos. En ningún caso implica la participación en los directorios.

La participación en las ganancias, así como bonos y un conjunto de estímulos económicos, es una clásica herramienta empresarial para comprar a las dirigencias sindicales y pacificar los conflictos laborales. No implica una participación en la dirección de las empresas, sino que es una forma de imponer al conjunto de los trabajadores la dirección empresarial quitándole la autonomía de sus organizaciones y convirtiéndolas en títeres del interés de los burgueses.

Además estas medidas implican importantes recursos que los empresarios no están dispuestos a entregar, salvo en casos puntuales y para evitar conflictos que afectan sus intereses estratégicos, principalmente en la minería, el negocio forestal o portuario. En ningún caso puede ser extensivo al conjunto de los trabajadores.

En los términos del sistema actual, la cogestión de las empresas es una utopía. Implicaría que empresarios cedieran pacíficamente parte de la administración de sus negocios sin recibir nada a cambio. Para los trabajadores no precisamente implicaría aumentar su poder, dado que el acceso a capitales, la posibilidad de moverlos e incluso gestionarlos seguiría estando en manos empresariales.

Una medida así solo podría ser una pantalla para someter la autonomía de las organizaciones obreras y obligarlas asumir el compromiso con la empresa, lo que solo puede significar debilitar la posición de los trabajadores y someterla a la voluntad empresarial.






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