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Educación Chile 2020: donde el modelo de educación de mercado ya no da para más

La cara mas triste de la educación en Chile se mostró este 2020, las enormes carencias y desigualdades sociales producto de la educación de mercado impuesta por la dictadura golpearon la puerta de las familias más pobres, de los profesores que cargaron con todo el desafío de la educación a distancia y con la indiferencia del ministerio de educación.

Sábado 2 de enero | 11:54

La lucha contra la educación de mercado impuesta por la dictadura

Cuando en 2006 los albores del nuevo movimiento estudiantil en Chile develaban una crisis estructural en la educación, nos vimos obligados o interpelados a pensarnos como sujetos dentro de este entramado social y así mismo a tomar parte y acción en el problema del mercado en la educación y las precariedades y desigualdades que conlleva.

Luego del desvío institucional, en 2008 se creó una organización llamada “Educación 2020”, que afirmaba que a través de una mayor participación en la “política de incidencias” íbamos a lograr tener para el año 2020, la educación que se demandaba en las tomas y marchas pingüinas. Una completa ironía, pues luego de los vaivenes en el mundo de la educación, con sentidas movilizaciones de universitaries, docentes y secundaries; desvíos, traiciones, telefonazos, etcétera, aún persisten las problemáticas por las que se movilizaron en ese entonces y por las que han luchado año a año, y es así como nos pilló el 2020 en pandemia y un sistema educativo con brutales carencias, hacinamiento y desigualdades, condiciones laborales deplorables que solo agobian a los docentes.

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Pandemia en la escuela: agudización de las desigualdades

Por esto no es extraño que la emergencia sanitaria implicara una agudización de estas condiciones, que se expresaron en el bajo porcentaje de estudiantes de la educación pública con acceso a la educación, sin internet ni materiales para garantizar sus aprendizajes, bajo una dirección errática de un ministerio que no estuvo a la altura de las circunstancias y una dirigencia de un gremio silente e indolente ante la urgencia de las familias de las comunidades educativas. Así es como, por una parte el ministerio obtuso se trató de ejercer presión en cada oportunidad que veía por en el retorno a clases, llegando tarde a toda directriz pedagógica y cubriendo poco y nada las necesidades de conectividad de les estudiantes y les docentes que de un momento a otro debieron garantizar por sus propios medios los dispositivos y la capacitación para las diversas aplicaciones que debieron utilizar como apoyo para la didáctica.

Las familias vieron diezmados sus ingresos, cesantes o acogidos a la ley maldita de “protección al empleo” que solo trajo incertidumbre y frustración a quienes ya llegaban a fin de mes entre malabares, pero que ahora debían lidiar con el encierro, muchas veces en condiciones de hacinamiento y con pocas o escasas herramientas socioemocionales para afrontar lo que venía.

Es así como se empujó a las familias y comunidades escolares a resolver por su propia autoorganización: el hambre. Ollas comunes, canastas familiares, donaciones segmentadas a las familias con más necesidades. Etcétera. Profesores, asistentes, auxiliares, todes, seleccionando y embalando mercadería, pesando verduras, armando cajas de huevos, todo, todo lo que pudiera contribuir a pasar menos amargamente el duro momento que las condiciones de vida nos imponían.

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Hoy, a una semana de rendir la Prueba de Transición Universitaria(PTU), vemos que la mesa de unidad social y la dirección del CDP (Mario Aguilar del Partido Humanista) y el ministro Figueroa siguen caminando de la mano, como si la realidad de la educación en Chile no necesitara replantearse con urgencia. El ministro Figueroa con el afán de presionar hacia un retorno presencial de las escuelas anunció que podían peligrar repitencias. Para los estudiantes que no tomaran contacto con las escuelas o que no hayan entregado ningún trabajo o actividad, como es el caso de los más de 100 estudiantes del liceo bicentenario Mary Graham de Villa Alemana. En este año irregular, pretendieron mantener el criterio de repitencias, sin sustento pedagógico alguno, al igual que pretenden mantener la PTU, una prueba que mantiene el sesgo de clases para el ingreso a la universidad.

¿Podrá resistir otro año la educación pública en estas condiciones? Difícilmente, y si lo hace será a costa del sacrificio de los trabajadores de la educación que se echan al hombro la titánica tarea de enseñar en tiempos de pandemia.

La lucha por una educación pública de calidad y acorde a los más altos estándares de sanitarios en pandemia implica una inversión en educación que garantice no más de 20 estudiantes por sala, internet y acceso a computador para todos los estudiantes necesitados mientras exista clases on line, resguardar la estabilidad de los trabajadores de la educación pasando a ser trabajadores del Estado, con contrato indefinido, y por sobre todo, la necesidad de acabar con el negocio educativo para que todo el dinero que se lucra se invierta en todas las escuelas públicas, y así avanzar en la construcción de la educación que el pueblo trabajador se merece: gratuita, laica, no sexista y de calidad.

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