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Red Internacional

La pandemia del coronavirus en América Latina hizo del año 2020 un año perdido en términos económicos. Las reformas pendientes fueron olvidadas y pospuestas, y lo que es peor, la economía quedó profundamente dañada por la crisis económica de magnitudes históricas. Este 2021 se piensa que la brecha entre los países de la región y las naciones desarrolladas será aun más grande. Por una parte se demuestra el fracaso del neoliberalismo a nivel global pero también de la vía alternativa de un capitalismo nacional que la izquierda latina ha impulsado a través de gobiernos de nuevo tipo.

Gabriel MuñozLicenciado en Historia

Sábado 2 de enero | 09:49

Deterioro de los fondos públicos

La primera tendencia preocupante en términos económicos es el deterioro de los fondos públicos de los Estados. Según el Fondo Monetario Internacional, la deuda conjunta de la región va a estar por encima del 80% del PIB en promedio, entre los años 2021 y 2025. Hace 8 años ese índice no sobrepasaba el 47%. Los gobiernos han gastado sus ahorros y también los ahorros de los trabajadores. El déficit público supera el 5%.

Fuga de capitales y saqueo

La cifra total de salida de capitales de los países emergentes, según el Institute for International Finance, en el primer trimestre cifró en más de 100 mil millones de dólares. Un tercio corresponde a América Latina. Cerca de 30 mil millones de dólares fueron extraídos de la región por los inversionistas y bancos extranjeros. Esto a pesar de que la inversión de ese tipo se haya reducido bastante, y lo seguirá haciendo, pues según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) la inversión foránea caería un 45% en 2021.

El flagelo del desempleo, un mal endémico

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la CEPAL hasta el mes de junio del 2020, aseguran que se perdieron 47 millones de empleos en el mundo. Advierten que la recuperación del empleo será muy lenta por la desaparición de empresas y por el comportamiento de las crisis capitalistas de ciclos anteriores, como la de 1929 y la de 1980. Un total de 2,7 millones de empresas fueron cerradas y disueltas por sus dueños durante el año. Cerrando el año 2020 la tasa de desempleo en América Latina llegó al 10%, y si bien se piensa que habrá un leve crecimiento en este nuevo año 2021 los pronósticos de los principales economistas advierten que el desempleo y la pobreza tomarán muchos años en reducirse. Se cree que el desempleo podría aumentar a un 11,2% en el primer trimestre.

Los riesgos económicos para América Latina

La región avanza hacia un año 2021 con profundas contradicciones y riesgos serios. Primero: el crecimiento económico o más bien la recuperación económica depende de la evolución de la pandemia y la disponibilidad de la vacuna, que es incierta. Si el plan regional de vacunación no funciona a la perfección la recuperación no se producirá el segundo trimestre como se cree. Segundo: la mayoría de los países han retirado sus políticas de estímulo monetario y fiscal, volviendo a la escasez de liquidez, en Chile se detuvo el aporte a los desempleados y suspendidos y se mantiene una línea de crédito para los empresarios. Tercero: el empeoramiento de las condiciones financieras mundiales podría generar una depreciación de monedas, pues, los acreedores redujeron su apetito de riesgo y se refugian en monedas más estables generando las caídas de las monedas de los países en vías de desarrollo. Cuarto: podría ocurrir una caída de los precios de productos básicos, América Latina es una zona de exportación neta de estos productos, la caída de estos precios sería muy perjudicial, y es un factor que depende concretamente de agentes externos. Cinco: aumento de tensiones sociales y geopolíticas, el aumento del desempleo, la pobreza y la desigualdad podrían intensificar las tensiones sociales latentes en los países latinoamericanos, empeorando el liderazgo mellado de los gobiernos de la región. Sumado a las tensiones geopolíticas de las potencias mundiales, incluidas las fricciones tecnológicas y comerciales entre EEUU y China.

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La utopía de un capitalismo renovado

La recomendación de la CEPAL es que los gobiernos deben hacer un esfuerzo importante para seguir ayudando y así mitigar los efectos sociales de la pandemia. Daniel Titelman piensa que la crisis es una “oportunidad para avanzar hacia un desarrollo más sostenible e inclusivo, incluyendo políticas ambientales e industriales para transformar el modelo de desarrollo”. Una suerte de renacer capitalista a partir del estímulo fiscal. Otros economistas proponen fomentar la construcción de infraestructura a través de alianzas entre el Estado y las empresas privadas, centro en sectores que promuevan el cambio técnico como las energías renovables, la electro movilidad sostenible, las industrias digitales, una economía circular y un turismo sostenible.

También se quiere poner como meta reducir el trabajo informal promoviendo la digitalización y flexibilizar las exigencias para las pequeñas y medianas empresas, y una suerte de “nuevo comercio” interregional que hoy alcanza un 15% mientras en la Unión Europea alcanza a un 60%.

Esta recetas para la recuperación de América Latina son medidas ya probadas por los gobiernos en ese siglo XXI. Nunca como en 2020 los Estados gastaron de sus ahorros para recursos para levantar a las empresas privadas. Subsidios millonarios, exenciones, leyes para facilitar el desempleo. Dinero que se ha perdido pues los empresarios pagan deudas y no han reactivado la economía. Un nuevo horizonte de desarrollo autónomo es bastante utópico pensando que la economía de la región es profundamente dependiente de la inversión extranjera y del comercio mundial. Es cierto que el desarrollo tecnológico valoriza aun más al capital, pero, esta tendencia no puede aislarse del panorama general pues sigue dependiendo de la inversión privada.

Para América Latina se trata de un retroceso de 10 años en 10 meses de pandemia, y ninguna receta a logrado volver a los niveles previos a la pandemia y previos a la crisis del 2008. China no es una potencia que pueda permitir el desarrollo, como cree el Partido Comunista de Chile, pues China participa de la crisis, mantiene esclavizada a su mano de obra y su burocracia estatal defiende los intereses de los multi millonarios chinos que no solo explotan a su mano de obra sino que destruyen los ecosistemas de otras naciones.

El desprestigio del neoliberalismo y su relación con una crisis estructural

El problema de fondo que tiene el capitalismo en la actualidad es que se ha mostrado incapaz de generar nuevos motores de acumulación de capital. Desde 1990 el capital encontró una nueva ”selva virgen” donde acumular riquezas. La restauración del capitalismo en Rusia y en China permitió aquella dinámica de crecimiento histórico pero basado en el empeoramiento del salario de los trabajadores. Dicha tendencia se acabó porque ambas naciones, sobre todo China, se desarrollaron a tal punto que están compitiendo con EEUU, con Alemania y con otras potencias mundiales.

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La crisis de 2008 fue el primer síntoma del agotamiento de ese soplo de vida neoliberal y la crisis del 2020 vino a ratificar esta tendencia, y más bien hay una guerra comercial en curso y una preparación guerrerista, más que un espacio libre para la valorización del capital, como ve la CEPAL. Para ello cabe destacar la conducta de los empresarios capitalistas durante la pandemia, que no han generado empleo, sino mas bien, han protegido sus ganancias y patrimonios. Junto con esta crisis global, el desprestigio del neoliberalismo puede dar mayor fuerza a las luchas de clases. En el siglo XX otras crisis y otras guerras desencadenaron importantes revoluciones y procesos de luchas de clases. No está descartado que las tendencias a las revueltas prosigan este nuevo año.

En Chile y en América Latina los trabajadores tenemos que proponer medidas que reviertan el flagelo del desempleo. La única forma es el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, con un ingreso mínimo acorde a la canasta básica familiar y planes de obras públicas controladas por los trabajadores y sus sindicatos, que utilice los avances de la ciencia y la tecnología al servicio de la cooperación del trabajo avanzando a una sociedad liberada de la necesidad y del trabajo como imposición.




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