Política Chile

TRIBUNA ABIERTA

Boric vs Briones, o el debate de los dos precandidatos del régimen político-empresarial que no cuestionan la dominación

Ambas posturas representan dos dimensiones de la actual democracia burguesa: populismo e ilusión.

Miércoles 14 de abril | 13:28

Las declaraciones de Briones a CNN no dejaron indiferente a nadie. En una miserable respuesta acerca de la calidad de la educación pública en Chile, el ex ministro de Piñera y ahora precandidato de la derecha a las elecciones presidenciales dijo que “tenemos un problema de calidad de los profesores (…) ¿por qué no abrimos un concurso internacional para traer a los mejores profesores de afuera? Hemos hablado de inmigración. ¿Por qué no hacemos lo que hacen los países que más admiramos y dicen ‘oye, ¿qué capacidad me falta en Chile?’”.

Por su parte, Boric realizó una “fuerte”, pero estéril, crítica contra los dichos de Briones: “Lamentable el desconocimiento de la realidad por parte de un candidato presidencial de miles de profes que se sacan la cresta por sus estudiantes”, lanzó el presidenciable del Frente Amplio.

Pero, por más que la verborrea de ambos presidenciables aparezcan como posturas opuestas, existe un elemento que une estrechamente las dos ideas, que son el reflejo de la democracia de los acuerdos y el debate normalizado en el espacio donde se confunde lo político (conflicto abierto entre dos visiones societales) con lo policial (respeto y protección de las normas de lo que existe, sin proponer cambios), y ese elemento es la defensa férrea del orden social imperante.

Ambas posturas representan dos dimensiones de la actual democracia burguesa: populismo e ilusión. En un sistema político caracterizado por elecciones periódicas donde impera la lógica del “partido político atrapatodo”, como diría Maurice Duverger, y donde no existen proyectos políticos que se confronten, sino solo programas para administrar el Estado y el modo de producción sin hacer cambios estructurales, las declaraciones de ambos presidenciables caen en la caricatura del “ciudadano” que acepta con felicidad y compromiso el contexto de opresión de clases bajo el manto de un conflicto ficticio que presenta el debate público dentro de los marcos del Estado policial.

El populismo decadente de Briones

El fenómeno Briones no es de extrañar. Con una derecha política deslegitimada, y que no puede pasar más de 5 minutos sin desprestigiarse, solo queda el recurso de mostrar una imagen “renovada”: ya no sirve el típico empresario rancio y frío de los 8o´s y 90´s que se muestra como buen administrador, sino que se requiere de un joven “talentoso”, ingeniero y con capacidades de “llegar a la gente”, olvidando su desastroso paso en el gobierno de Piñera.

El economista-ingeniero y ultra liberal Briones fue el personaje que lideró las políticas que atentaban contra los trabajadores en plena pandemia, contribuyendo a la precarización social de las masas populares que sufrían los estragos económicos de la crisis sanitaria. Sus acciones como ministro se ajustaban a los mejores manuales del FMI, justificando su labor a partir de los informes del organismo internacional. No es de extrañar que aplaudiera y fuera arquitecto de la “Ley de empleo seguro”, el cual hacía que los trabajadores, ya precarizados por los estragos del covid-19, tuvieran que pagar la crisis económica, mientras los grandes empresarios aumentaban sus fortunas a costa de la disminución de los derechos de los obreros.

Por lo anteriormente dicho, y a pesar de los lloriqueos del progresismo reformista, Briones no desconoce la realidad del país. Como fiel representante de los intereses del gran empresariado, y usando el discurso más burdo del populismo, lo que hace es dirigir su ataque contra los profesores para culpar de la baja calidad de la educación pública en el país. Y esto último es normal y esperable de un personaje como Briones:

1- La derecha siempre utiliza lo visible para construir su relato. Así, elevan el prejuicio a la categoría de análisis político, para explicar un defecto (los vicios del sistema educacional chileno) como culpa de los trabajadores, y hacer vista gorda de las verdaderas causas de la precarización de la educación, que se encuentran en el corazón mismo del modelo económico que impera en Chile. Las víctimas del discurso siempre serán los más débiles.

2- En la misma línea, lo que se busca defender, a fin de cuentas, es el régimen. Al culpar a los profesores de la mala calidad de la educación de los sectores precarizados, es seguir legitimando toda la estructura de desarrollo y dominación capitalista, que ha mostrado todas las dimensiones de opresión contra quienes no tienen garantías de acceder a derechos básicos, no solo en educación, sino también en salud y vivienda.

Y es que el desprecio hacia los trabajadores de la educación del candidato de Evopoli no responde a su “falta de conocimiento”, o el típico discurso acusatorio del reformismo que plantea la “desconexión de la clase política” con la realidad, sino que es la abierta manifestación de los privilegios de clase de un representante político de los empresarios. Briones es parte de la clase dominante, y su mentalidad e imaginario responden a esa condición de situarse en el lado de los explotadores. La articulación de ideas que explican el mundo de Briones siempre va a justificar la sociedad jerárquica y desigual, porque ha naturalizado el orden económico y social, además de reproducir el discurso dominante de la inevitable subordinación de los trabajadores a los dueños de medios de producción que viven del trabajo ajeno.

De nuevo Boric

La verdadera desconexión con la realidad sería exigir a un privilegiado de derecha que reconozca el rol de los trabajadores en la producción material de un país bajo el sistema capitalista. Pero eso es precisamente lo que hizo el presidenciable del Frente Amplio. Aún sabiendo los padecimientos de las masas trabajadoras de Chile, el conglomerado ciudadanista y progresista, junto a su candidato presidencial, no ha hecho nada por mejorar las condiciones de los explotados del país, salvo sacar un par de declaraciones vulgares, y una que otra publicación en redes sociales que en ningún momento cuestionan el orden social que mantiene, necesariamente bajo los lineamientos del capitalismo, a los sectores populares sufriendo las consecuencias económicas de la crisis sanitaria.

La falsa ilusión de que los problemas de los sectores populares se lograrán solucionar mediante el dialogo y el entendimiento de los “buenos políticos” en los marcos institucionales vigentes, no es más que engañar a las masas y seguir subordinándolas a la idea de su “minoría de edad”: como los explotados no están “listos” para definir por ellos mismos los destinos de la política y la producción económica, hay que dejarla en manos de sus representantes progresistas en los espacios que otorga el Estado chileno.

De ahí la idea de que un representante de la clase dominante podría cambiar su opinión si “conociera la realidad”, y por arte de magia, o de un milagro divino, el representante de la clase dominante empatizaría con los explotados y buscaría las formas de solucionar los problemas de los sectores populares.

El reformismo apela a buenas voluntades donde la historia reciente ha demostrado una feroz lucha de clases. Y esa es la ilusión de los reformistas clasemedieros como Boric y el Frente Amplio: pensar que la política la hacen individuos independientes, y no sujetos condicionados por intereses de clase.

La ilusión de una democracia representativa en una sociedad de clases.

Pero esa idea de pensar a los individuos que hacen política separados del espacio de división de clases sociales no es solo una moda que siga el Frente Amplio. El Partido “Comunista” y su presidenciable Jadue, hicieron lo suyo cuando celebraron que Rodrigo Delgado asumiera como Ministro del Interior, ya que su nombramiento “le puede dar un nuevo aire si lo dejan ser” -¿un nuevo “aire” a la represión de clase? – exponiendo la subordinación del discurso del PC a las lógicas burguesas de la ilusión democrática.

En definitiva, surgen nuevos escenarios para la lucha teórica que deben dar los revolucionarios frente a concepciones que ya habían sido enterradas por la historia a inicios del siglo XX. La democracia burguesa sigue apaciguando el potencial político y revolucionario de los trabajadores y masas explotadas, como denunciaran Lenin y Trotsky en los años 20´s del siglo pasado, y el reformismo sigue siendo servil al sistema político que da legitimidad a la explotación.
El triste debate entre ambos presidenciables muestra la clara intención de seguir reproduciendo las lógicas y discursos que defienden lo establecido: culpar a los trabajadores por la nefasta educación pública en Chile, y exponer que el problema político no reside en la estructura, sino en responsabilidades individuales a quienes solo les falta “conocimiento de la realidad”.

La solución al problema del acceso a derechos básicos de los sectores populares, así como el problema de la ilusión democraticista que sigue defendiendo y legitimando la explotación, pasa por la desarticulación y derrumbe de toda una estructura y supraestructura subordinada a las lógicas de la acumulación capitalista. La tarea de los revolucionarios en el espacio político democrático sigue siendo su uso con el fin de develar el rol que juega el sistema de representación institucional bajo el capitalismo, y promover la auto organización de los trabajadores con una perspectiva revolucionaria.






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