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Red Internacional

Música / Rock.Babasónicos: la canción narcótica que no acaba

La banda volvió a tocar en Buenos Aires después de dos años y ratificó su status de indispensable.

Lionel Pasteloff@LionelPasteloff

Martes 7 de diciembre de 2021 | Edición del día
Babasónicos en acción. Fotos: Edu Romero.

“Hagamos un nuevo mundo. Ustedes y nosotros. Los demás no”. Eso le proponía con una mueca diabólica Adrián Dárgelos a su audiencia en una breve pausa entre canciones. Más locuaz que de costumbre, el frontman de Babasónicos fue el canal por el cual la banda exteriorizó su alegría por volver a tocar frente a un público porteño tras dos años. Del otro lado, la gente devolvió extasiada la muestra de cariño.

Había mucho ida y vuelta entre el cantante y su gente: abundaron los agradecimientos y pedidos de más griterío: “¡por más fuego, más compañía, por lo que dure!”. Y si algo sobró fueron llamas. Más de dos horas de concierto y un repaso por la discografía de las últimas dos décadas (“Desfachatados”, de Miami, fue la única excepción) encendieron la mecha.

Después del arranque con “Bestia pequeña”, la cosa se agitó con el doblete “Carismático” + “Yegua”, hits como para que nada quede afuera. Después, fueron manejando los climas (con una puesta mínima pero eficaz, donde las luces iban acompañando el ánimo del setlist). Aparecieron piezas muy solicitadas como “Sin mi diablo” y “La Lanza”, pero un momento particular se vivió con “La pregunta”. Ahí la voz de Dárgelos, los coros fantasmagóricos y la iluminación ayudaron a convertir la pieza en un trance colectivo, hasta que la guitarra de Mariano Roger vino a despertar a todos.

Sin parates de por medio, pronto llegó la nueva y muy celebrada “La izquierda de la noche” (“una oda a la vida nocturna desaparecida”, según palabras del grupo). Luego vinieron con la ametralladora de hits y soltaron “Fiesta popular”, “Cuello Rojo”, “Pendejo” e “Irresponsables” tras las cuales el público quedó literalmente aullando.

Hubo tiempo para unos bises, con romance en “Como eran las cosas” y un cierre demoledor garantizado por “Once”. El Movistar Arena tardó en desagotarse porque muchos se resistían a aceptar que el show terminara. Casi treinta temas dieron cuenta de la vuelta al ruedo de una agrupación cuya singularidad reside en ser muchas diferentes, al mismo tiempo. Como su líder, capaz de ir del bolero made in Sandro al rock duro, para luego ser un amante desdichado y más tarde un arrogante que se vanagloria de su fortuna: “Tengo que aprender a fingir más…” vocifera en “Carismático” con falsa modestia. Como si no supiera que lleva tres décadas engañándonos a voluntad.




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