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PANDEMIA

Salud mental, el otro costo de la crisis económica y sanitaria para las y los trabajadores

Para ningún trabajador puede ser sorpresa los altos índices de deterioro de la salud mental que mostró el primer “Termómetro de la salud mental en Chile”. Según el estudio un 34,6% de los encuestados exhibió un empeoramiento de su salud mental.

Antonio Paez

Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile

Miércoles 26 de agosto

A 5 meses de iniciada la pandemia los problemas sanitarios no son los únicos a los que la clase trabajadora está debiendo enfrentarse.

Si los primeros meses fue la incertidumbre, marzo, abril y mayo fueron los meses del pesar económico debido a las suspensiones y el cierre de cientos de miles de puestos de trabajo, estos meses estuvieron cruzados con la aparición del hambre y la profundización de la crisis económica.

De toda esta situación no es extrañar que la población activa laboralmente esté sufriendo estragos en su salud mental. Según el primer “Termómetro de la salud mental en Chile” elaborado por la ACHS y el departamento del Centro de Estudios Longitudinales (CEL) de la PUC, un 34,6% de las y los trabajadores presentan un serio deterioro en su salud mental durante la crisis.

El estudio también reveló que este deterioro ha afectado en una mayor proporción a las mujeres (40,3%) que a los hombres (28,8%).

La encuesta, que se realizó durante el mes de julio, muestra que un 48,9% de las y los encuestados ha perdido más o mucho más sueño de lo común, afectando nuevamente más a las mujeres (54,5%) que a los hombres (43,2%), lo que, según David Bravo (director del CEL) representa una diferencia estadísticamente muy significativa.

Otro dato relevante es que más de la mitad de los encuestados muestra fuertes señales de agobio y tensión, mientras que más de un 14,5% señaló que ha perdido confianza en sí mismo.

Explotación, deudas e incertidumbre laboral

Según los datos recopilados hay dos factores que también han producido un mayor deterioro de la salud mental: caída de los ingresos y el agobio por las deudas.

Los hogares donde hay problemas económicos la salud mental se ha deteriorado un 41%, en el caso de hogares con deudas ese número llega al 56,7%, en el caso de cesantía llega a un 44,5% y entre las personas bajo el régimen con suspensión laboral un 43,7%.

Si cruzamos estos datos con los altos índices de cesantía a nivel nacional (12,2%) a quienes hoy no tienen trabajo, aunque desean trabajar, la cesantía se eleva al 29,8% de la fuerza laboral total del país, esto es más de 1.8 millones de personas a nivel nacional.

Hasta ahora los sectores más afectados con todo esto han sido las mujeres y la juventud que han sufrido en primera persona la indolencia de grandes transnacionales que despidieron, suspendieron o redujeron los horarios para traspasar los costos de la crisis a las y los trabajadores.

Se necesita un plan para que la crisis no la pague la clase trabajadora

Las familias trabajadoras no pueden seguir pagando la crisis, mientras las grandes empresas se han hecho más ricas durante la misma. Y mientras el gobierno sigue impulsando iniciativas que benefician a los grandes empresarios, las mujeres deben autofinanciar sus propios salarios, si es que desean proteger la salud de ellas y sus niñes. Son miles de jóvenes quienes han debido entrar al precario trabajo de los delibery para poder comer, sin contrato laboral, horario ni seguro frente a accidentes.

De seguir extendiéndose esta situación, mas y más personas seguirán enfermándose. Por eso es urgente un plan de emergencia que ponga freno a esta situación. Hay que luchar por un plan integral de salud que incluya desde el fin del hacinamiento al que están condenadas las familias pobres hasta un ingreso familiar de emergencia de 500 mil para toda persona que lo necesite, financiado en base a impuestos a las grandes fortunas y la re-nacionalización de los recursos naturales bajo control de sus trabajadores. Es necesario luchar por la prohibición de los despidos, el reparto de las horas de trabajo para acabar con la cesantía, y la estatización bajo control de sus propios trabajadores de toda empresa que cierre o quiebre, con tal de mantener los puestos de dar estabilidad laboral a todas las familias trabajadoras.






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