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OPINIÓN

Piñera escondido y una semana que aumenta la crisis del gobierno: La disputa interna de la derecha por quién toma el timón del piñerismo

Se trata de un momento complejo para el gobierno. En medio de los cuestionamientos y movilizaciones por el debate de las AFP y el retiro del 10%, la crisis interna de ChileVamos se produndiza. Una crisis marcada por la división entre el piñerismo sobre cuál debe ser el curso a seguir del gobierno.

Felix Melita

Estudiante de Psicología Universidad de Antofagasta

Sábado 18 de julio | 09:25

Seguido del debate de las AFP, la crisis interna que vive ChileVamos ha sido uno de los debates que ha estado en el centro de las reflexiones de analistas políticos o incluso panelistas de los grandes medios de prensa. Y es que no podría ser de otra forma. Son debates que no pueden pensarse por separado, pues por un lado significa un aprieto para Piñera y los empresarios –principalmente por las expectativas que se generan en la población, más que la perspectiva de vida del proyecto en el congreso o incluso en el trámite legal- y por otra parte, uno de los puntos de fuga por el cual sus filas se dividen, comenzando a profundizarse cada vez más las diferencias en torno a qué rumbo seguir en medio de la coyuntura.

ChileVamos se juega por definir qué derechismo se impondrá para darle un curso al timón del piñerismo: El de posar de manera friendly para la foto, buscando ampliar ChileVamos y ampliar concesiones oportunistamente para salvarse en una lógica de policía bueno, mientras por otro lado los más acérrimos estandartes del pinochetismo apuestan por una derecha más radicalizada en su discurso y en sus medidas, en donde encontramos las declaraciones de la concejala UDI que asegura que Chile necesita un “estallido militar.”

En definitiva, se trata de una disputa interna dentro del bloque por definir qué es lo que más pesará dentro de la receta del gobierno para el momento: si los elementos de autoritarismo y represión, o la de hacer como que están a favor de las medidas del pueblo trabajador y pobre, para buscar revitalizarse y oxigenarse.

Y es que como afirma el académico de la Universidad de Los Andes, Daniel Mansuy, para la derecha la situación se reviste de unas repercusiones importantes a nivel político para la coalición: "Desde el punto de vista de la derecha tradicional, imagínate lo que puede ser recordar al Gobierno de Sebastián Piñera en que bajo su mandato se perdió la Constitución, le empezaron a pegar a las AFP y se disolvió la coalición". Agregando además que “el Presidente debiera tomar nota de que todo lo que dice, irrita. Todo lo que él dice, polariza. Por tanto, debería tomar más distancia. En otro sentido, me parece que el piñerismo no estaba preparado para enfrentar nada de esto. Lo pilló muy desnudo política e intelectualmente”.

Sin embargo, la clave política del momento está por lejos de lo que afirma Mansuy –quien dicho sea de paso también se opone al proyecto que contempla el retiro del 10% de los ahorros- para el gobierno: “hacer un cambio de gabinete potente en la conducción del equipo político. Eso implica ceder poder a personalidades de peso para que tengan la autonomía para decirle que no, para llevarle la contra y equilibrar un poco el poder…” ¿Qué implicarían estas medidas? Por un lado sería incorporar a agentes de centro, y hasta quizás de la centroizquierda dentro del gobierno. Pero, si lo que queremos es una situación favorable para el pueblo chileno, no podemos afirmar que el curso de los acontecimientos pasen por esta medida, ya que iría en la misma clave de dotarse de una dosis de vitalidad a un gobierno que está lejos de merecerlo. Incluso, ¿qué diferencia significativa –y favorable- podría significar esta maniobra, cuando desde la exConcertación y la exNueva Mayoría están lejos de diferenciarse con las medidas establecidas por la derecha en cuanto a materia de pensiones, salarios, vivienda, salud, etc? Ninguna de peso.

La crisis de la derecha no puede analizarse desde los manuales de la administración pública o principios artificiales de la democracia. Se trata por un lado de un agotamiento del neoliberalismo, que tras un ciclo de movilizaciones en la última década tuvo su auge en octubre del año pasado, y hoy comienza a anunciarse un nuevo capítulo, y por otro, de una crisis interna por definir a qué elemento del Estado le pondrán sus fichas: Si a la política de los consensos, la cooptación y las sonrisas oportunistas y populistas a las cámaras (elementos de hegemonía), o los elementos más abiertos de ultraderechismo, ataques y defensas acérrimas del gobierno de los empresarios, y fortalecimiento de la represión, como lo ha sido el llamado a acuartelamiento de militares, las enormes cantidades de dinero que van a parar a los fondos de Carabineros y las FF.AA para aumentar la represión, acompañadas de declaraciones como que “la democracia está en riesgo” o incluso “estallido militar” (elementos de dictadura). [1]

La semana deja en evidencia por un lado los siguientes elementos: 1) El gobierno busca hacerse de una línea común para enfrentar la crisis que viven, sobre todo ad portas de las elecciones internas de sus partidos y las votaciones en el congreso por venir. 2) Una preparación activa por parte del gobierno en sus elementos represivos. No es casualidad que todos estos pronunciamientos represivos se produjeran posterior a las movilizaciones a nivel nacional contra las AFP, y el resultado de la votación en la cámara de diputados. Se preparan de esta forma desplegando a sus unidades a lo largo del país, y en las poblaciones más movilizadas, para de esta forma, si se deciden por rechazar el proyecto del 10%, ya cuenten con sus represores en las calles para cuando la población pobre y trabajadora decida salir a las calles. Y 3) La imperante necesidad de oponer una preparación de los sectores marginados de la sociedad frente a la preparación represiva del gobierno. A través de un plan de movilización nacional, que por medio de las centrales sindicales, sindicatos mineros y organismos estudiantiles y poblacionales, se lleve adelante un paro nacional para frenar los contagios a raíz de la exposición que viven las familias del país en los trabajos, por su salud, y por acabar definitivamente con el negocio de los pulpos usurpadores de las AFP.



[1Ambos elementos mencionados corresponden a la formulación realizada por Antonio Gramsci en su concepción de Estado. Por un lado la hegemonía vendría a representar la capacidad de un gobierno para imponer su voluntad mediante leyes y consensos a la población, es decir una “servidumbre voluntaria”. Sin embargo, producto de la crisis que viven, cada vez tienen menos posibilidades de lograr esto. Por otro lado, el elemento de dictadura no se refiere a una dictadura propiamente tal, sino que a la utilización de las herramientas más represivas y violentas que maneja el poder Estatal.





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