Política Chile

OPINIÓN

Lo que nos ha dejado el mensaje del Papa en Chile

La visita del Papa no ha estado exenta de polémicas. La iglesia trae un discurso de paz y reconciliación para América Latina, pero ¿Paz y reconciliación para quién?

Viernes 19 de enero de 2018

El pasado lunes arribó desde el vaticano la máxima autoridad de la Iglesia católica en el mundo: el Papa Francisco I. Hay quienes quieren llamarlo forzadamente el “Papa de los pobres”, yo prefiero llamarlo por su nombre, Jorge Bergoglio. Y es que el rol que le ha querido dar -por la fuerza- la iglesia católica a la figura del Papa se ha vuelto uno cada vez más obsoleto y medieval. Un ciudadano vestido de blanco por la gracia del espíritu santo ha venido a darnos la buena nueva de la paz en el marco de una crisis de legitimidad de la iglesia católica en Chile, con decenas de casos de abusos sexuales y encubrimientos aquí y en todo el mundo. Y que incluso con todo el despliegue realizado por el gobierno, el objetivo de reencantar a la ciudadanía con la Iglesia y sus representantes no ha sido logrado.

Al calor de la reapertura de un juicio injusto a la Machi Francisca Linconao, que ha sido privada de su libertad con arresto domiciliario, que por cierto hoy negaron cualquier tipo de acercamiento con el Papa, un mensaje de paz contradictorio y un llamado al diálogo en el marco de la militarización de la Araucanía y la criminalización del pueblo mapuche, se intenta poner al centro. Mientras estamos ad portas de un nuevo gobierno de la derecha que, de la mano con los sectores más conservadores de la política chilena (con la iglesia a la cabeza), se niegan rotundamente a dejar que las mujeres decidamos sobre nuestro cuerpo con el derecho al aborto libre, o a la ley de identidad de género a la medida de las necesidades de la comunidad LGTBI.

El Papa viene a traernos un mensaje de paz y reconciliación, en medio de indultos a genocidas como una política de la derecha en toda América Latina. Por eso yo me pregunto, ¿cuánto sentido le hace este mensaje a la mayoría de la población en Chile, después de saber todos estos hechos que acabo de nombrar? ¿Para quién es en realidad esta paz y reconciliación de la que nos habla la iglesia a través de Bergoglio?

Las mujeres trabajadoras no queremos poner la otra mejilla

Citaré un extracto del discurso de Bergoglio en el Parque O’higgins del pasado martes: "¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz? ¡Trabaja por la paz!”

La clase trabajadora chilena trabaja todos los días para que otros puedan, de hecho, tener una vida dichosa. Las mujeres trabajadoras, nos levantamos todos los días a cumplir jornadas laborales extenuantes para que nuestros gerentes y patrones puedan tener una vida dichosa mientras nosotras ganamos el sueldo mínimo, haciendo malabares para llegar a fin de mes, a veces teniendo que inventar trabajos independientes paralelos. Nos hacemos cargo del trabajo doméstico para garantizar nuevas generaciones de mano de obra, sustentando así el ciclo de explotación que vive el pueblo trabajador. La iglesia históricamente nos ha dado ese rol, el rol doméstico y privado, de la delicadeza y la belleza, las pecadoras que pueden redimirse en sumisión. ¿Es acaso eso lo que nos hará dichosas al final?

No queremos redención, queremos dejar de ser explotadas.

Queremos conquistar el derecho al aborto libre, seguro y gratuito. Reducir la jornada laboral y que se reconozca como jornada laboral el trabajo doméstico. Queremos emanciparnos del rol que se nos ha impuesto hace tantos años desde que se feminizó el cuidado de los hijos y que la Iglesia ha decidido perpetuar. Queremos educación no sexista y laica. Queremos que se reconozcan identidades diversas y se deje de patologizar la transexualidad.

Pero lo que queremos es diametralmente opuesto a lo que la Iglesia quiere para nosotras. El nuevo Papa, mal llamado “Papa de los pobres” no trae nada más que palabras bonitas para los pobres que dice defender. Quieren que pongamos la otra mejilla a la falta de oportunidades, a la desigualdad y a la misoginia que ellos mismos sostienen para su beneficio. ¡Las mujeres trabajadoras decimos basta!

A levantar una agrupación de mujeres y la diversidad sexual de la clase trabajadora

Por esto, como mujer trabajadora y militante de Pan y Rosas creo que es necesario que rompamos la confianza que depositamos en las instituciones del Estado y la Iglesia que sostienen este orden capitalista que nos explota y con todos los partidos políticos que defienden sus intereses. Es necesario poner en marcha un gran movimiento de mujeres arraigado a la clase obrera. Que luche, con independencia política de la iglesia, los empresarios y sus partidos políticos corruptos para arrebatar los derechos que siglos atrás nos quitaron y que hoy, siguen negándose a devolver.






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