Política Chile

PAPA FRANCISCO EN CHILE

Francisco y el opio del pueblo

¿A qué viene el Papa a Chile?

Felix Melita

Estudiante de Psicología Universidad de Antofagasta

Miércoles 17 de enero de 2018

Un recorrido histórico

Ya en 1844 Karl Marx en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel sentenciaba ávidamente: “La miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo.”

Sin embargo, ¿qué quiere decir esta polémica y controversial frase de Marx que hasta el día de hoy sigue resonando entre los debates religiosos?

Para el marxismo la religiosidad, más allá del dios de Abraham, corresponde a un sentimiento motivado en primera instancia por el descontento con el mundo real, en donde la fe en un dios –o en dioses- todopoderoso traerá la paz y la felicidad que en la vida terrenal no podemos conseguir.

Es por esto que la lucha por hacer de la tierra el paraíso queda relegada a una vida posterior, en donde todos los males vividos en el mundo terrenal serán compensados en el paraíso celestial.

Esto es un arma de doble filo, ya que por un lado, dentro del sistema capitalista, las y los obreros se resignan a soportar toda la explotación de parte de sus patrones, en donde incluso se concibe que mientras más sufrimiento y miseria esté presente en la vida, mayor será la recompensa, ya que, como afirma la Biblia: “los últimos serán los primeros, y los primeros, últimos" (Mateo 20:16).

En base a esto, Friedrich Engels, gran amigo y camarada militante de Marx, afirma en su publicación Contribución a la Historia del Cristianismo Primitivo que: “(el movimiento de) los oprimidos: apareció primero como la religión de los esclavos y los libertos, de los pobres y los hombres privados de derechos, de los pueblos sometidos o dispersados por Roma.” (…) “los cristianos primitivos eligieron dejar su liberación para después de esta vida, mientras que el socialismo ubica su emancipación en el futuro próximo de este mundo”.

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He aquí una de las razones por las que Marx lanza sus potentes dardos contra la religiosidad. Toda organización de los oprimidos que luchara por hacer de la tierra el paraíso era una amenaza para los gobernantes, y para una de sus mayores instituciones de control: La iglesia.

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Dentro de estos marcos se encuentra la lucha que llevó adelante la Iglesia Católica y el Vaticano, a través del Papa León XIII contra la “peste socialista”, en un periodo de grandes movilizaciones obreras por todo el mundo. Y que el día de hoy viene a encarnar el Papa Francisco al tratar de “zurdos y tontos” a quienes denuncian a los curas por los casos de abusos sexuales a los menores de edad.

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Sin embargo, quienes se encuentran en el poder, en los grandes bancos, en las grandes empresas y Estados, son conscientes de esto, del factor que cumple la iglesia y la religión como un alivio (o un calmante) al dolor, la tristeza, la tragedia, la crueldad de vivir en el mundo del capitalismo. Es esta una de las razones por las que Bergoglio llega a Chile y es blindado con un gran contingente policial.

Chile, a partir de las grandes movilizaciones del 2011, que abrieron un escenario de profundo cuestionamiento hacia los gobernantes y la casta política, enmarcado en el descontento de las masas obreras, estudiantiles y populares, se encuentra en una crisis de régimen que ha afectado a sus instituciones como la iglesia, que aún no ha podido cerrar. Es por esto que deben recurrir a una “figura de la esperanza” para poner paños fríos a la situación. Similar a la previa venida del Papa Juan Pablo II, quien en plena dictadura se encargó de frenar el descontento popular que se imponía en las calles con barricadas y fuertes movilizaciones enfrentando a la policía que cumplía con mantener el régimen dictatorial y el atropello a los derechos humanos.

La Iglesia como una institución de los poderosos, pero adaptativa

Rosa Luxemburgo, revolucionaria alemana, afirmaba ya hace 100 años en El Socialismo y en las Iglesias, que las “inmensas riquezas amasadas por la Iglesia, sin esfuerzo de su parte, provienen de la explotación y pobreza del pueblo trabajador”. Situación que se asemeja con la fortuna de la iglesia católica en Chile, que en 2016 alcanzó movimientos por 10 mil millones de pesos, incluyendo acciones en SQM, la principal empresa involucrada en los casos de corrupción, que mostró como en Chile una casta política, que incluye directamente a Obispos, generales e instituciones completas necesita desesperadamente volver a controlar el poder.

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La crisis política está abierta en Chile, y ni Piñera ni Bachelet han podido cerrarla para volver a gobernar con tranquilidad y de manera holgada. Con millones de personas en movilizaciones estudiantiles o en contra de las AFP, el descontento se hacía presente en las calles de Santiago, con repercusiones a escala nacional. Hoy en día la Iglesia, aprovecha el viaje para comenzar a solventar una de sus mayores crisis a nivel latinoamericano, en donde los niveles de aprobación a la iglesia rondan por el 36%, y sólo el 5,3 de aprobación al Papa de una escala que llega al 10, el más bajo de Latinoamérica. Además de esto, sus sacerdotes, clérigos y adeptos de la fe comienzan a envejecer, la población que se declara católica baja al 44%, mientras que la población agnóstica y atea aumenta. Es en este escenario en que los empresarios y la iglesia apuestan a hacer una demostración de fuerzas: ¿A cuántos podemos sacar a la calle nosotros a través de la venida del Papa?

Sin embargo, más de 2000 años de existencia no ha dejado sin lecciones a la Iglesia, en donde han debido adaptarse frente a los fenómenos sociales que se presentan en la actualidad, empujada por los sectores populares y el avance de los movimientos sociales que han puesto en la palestra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y la diversidad sexual.

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En este sentido, el discurso progresivo de Bergoglio, “crítico al neoliberalismo” y a la “sociedad de consumo”; defensor de una Iglesia “desde y para los pobres”, y abierto a la idea de cambios sociales, encaja bastante bien en Chile, el principal país neoliberal de la región. De una u otra forma el régimen político chileno y la Iglesia Católica deben ayudarse a salir de la crisis de legitimidad. El régimen y la crisis hegemónica de la iglesia requieren una oxigenación, y el falso discurso progresista calza como anillo al dedo para sus fines.

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Duras críticas y un escenario que sobrepasa a Bergoglio

Ya lo aseguraba Ezzati: “El Papa va a encontrar una iglesia que está en crisis. Y no niego que parte se debe a una situación concreta que ha vivido estos años la iglesia en Chile, con los casos de abusos. Son casos gravísimos. Pero las crisis son siempre una oportunidad de mejorar”. Es decir, la crisis de la iglesia ha llegado a un punto que es a todas luces innegable, en donde sus principales personeros deben salir a reconocerla.

Bergoglio llega a un país en el que ala mayoría de la población no le interesa su peregrinaje. La situación está polarizada y una frase tipo “no tengaís miedo de mirarlo a él” no calmará las aguas.

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Si la religión es el bálsamo del individuo ante un mundo descorazonado es necesario revolucionar las bases materiales que generan esta insatisfacción en el mundo material: llevado al extremo sin modificar el régimen de producción, el capitalismo, que genera los dolores del mundo, es difícil la ruptura con la religión. La importante es destruir las bases materiales del sentimiento religioso: las contradicciones que imponen el dolor en el mundo el capitalismo como crueldad, como castigo, como descorazonamiento sobre los individuos.






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