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El rol de las trabajadoras y su fuerza transformadora

Javiera Márquez

El rol de las trabajadoras y su fuerza transformadora

Javiera Márquez

Para transformar la vida- como lo imagina la juventud, el movimiento de mujeres o la clase trabajadora, el pueblo y todos quienes nos manifestamos pese a la terrible represión- habrá que derribar a los defensores de la constitución de Pinochet y su legado, tocar las ganancias de los grandes grupos económicos, acostumbrados saquear recursos y a alimentar a una policía corrupta con privilegios. Pero también será necesario sobrepasar a los dirigentes que nos desvíen de nuestra lucha por menos de lo que necesitamos.

Desde Alejandro Guillier hasta Jacqueline Van Riselbergue han reconocido que el gobierno de Sebastián Piñera estuvo a punto de caer. El PC y el Frente Amplio ahora proponen un frente con un programa que busca destacar un perfil antioneoliberal y feminista, para canalizar a las urnas la potencia transformadora que se expresó en las calles, especialmente, el 12 de noviembre de 2019 en la histórica jornada de paro nacional, que obligó a una acuerdo de todos los partidos del régimen. En cambio, nuestra propuesta es que las mujeres trabajadoras pueden ser la palanca que active a los sectores estratégicos que ya demostraron su enorme fuerza, así dar vuelta las prioridades en este Chile a la medida de los empresarios, quienes en plena crisis sanitaria y económica se han hecho más súper ricos, mientras aumentan la pobreza y la violencia doméstica.

Para transformar la vida- como lo imagina la juventud, el movimiento de mujeres o la clase trabajadora, el pueblo y todos quienes nos manifestamos pese a la terrible represión- habrá que derribar a los defensores de la constitución de Pinochet y su legado, tocar las ganancias de los grandes grupos económicos, acostumbrados saquear recursos y a alimentar a una policía corrupta con privilegios. Pero también será necesario sobrepasar a los dirigentes que nos desvíen de nuestra lucha por menos de lo que necesitamos.

La pandemia ha puesto en evidencia una crisis de cuidados que contribuye a las condiciones sociales estructurales que generan violencia doméstica, para atacar este problema es necesario un impuesto especial a los súper ricos para financiar una ley de emergencia para prevenir femicidios, que incluya la prohibición de despidos, trabajo estable para quienes no tienen, como licencias laborales para no perder el trabajo; desde casas de acogida transitorias, como soluciones habitacionales estructurales; garantía de cuidados de hijos y personas dependientes; atención psicológica y médica; y educación sexual sin la moral de las Iglesias con enfoque de igualdad de género desde la educación temprana hasta la superior; y derecho al aborto. Así garantizar la autonomía económica y social que las condiciones de precariedad le niegan a la mayoría de las mujeres y la diversidad sexual.

Y va a caer y va a caer… y ¿por qué no cayó?

Jacqueline Van Rysselberghe lo dijo explícitamente: “El gobierno estuvo muy cerca de caer, probablemente más cerca de lo que la gente piensa”. Pero no será la única ni la primera vez que alguien haga una afirmación de ese calibre. Lo reafirmó el ex presidente de Renovación Nacional, Mario Desbordes, quien sostuvo que luego de las protestas del 18 de octubre, lo que “estuvo en riesgo fue la República completa, no el gobierno”. Antes, el mismo Alejandro Guillier señaló que el Acuerdo por la Paz “sirvió para salvar al presidente y al Congreso”.

Fue gracias a la complicidad de partidos desde el Frente Amplio hasta la Unión Demócrata Independiente (UDI) que lograron desviar la efervescencia manifestada en las calles, que al calor de la paralización del 12 de Noviembre de 2019 mostró la enorme potencialidad de la clase obrera, peleando junto a distintos sectores sociales en contra del gobierno de Sebastián Piñera.

Y así fue como el Partido Comunista desarticuló las convocatorias a paro nacional, pese a no haber firmado el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución y selló una tregua. Desde entonces todo llamado a movilización ha sido testimonial, contribuyendo al desmantelamiento de la enorme fuerza social que gritaba “Fuera Piñera” y “Asamblea Constituyente Libre y Soberana”.

Así lo reconocen a propósito de esta nueva formación electoral anunciada por Catalina Pérez (RD), Guillermo Teillier (PC), Jaime Mulet (FRVS), Jorge Ramírez (Comunes), Alondra Arellano (CS) y Tomás Hirsch (AH) y Comunes.

En el manifiesto de su nueva coalición de cara al próximo año electoral, señalan:

“La presión popular de una ciudadanía activa, altamente movilizada y politizada empujó, como pocas veces en nuestra historia republicana, a una Asamblea Constituyente Soberana para crear una nueva constitución. A pesar de las deficiencias contenidas en el llamado “acuerdo por la paz”, todas las fuerzas sociales y políticas progresistas nos pusimos en marcha por el apruebo una nueva constitución para un nuevo Chile, un Chile Digno y estuvimos en cabildos y asambleas, en pueblos y ciudades, recorriendo cada rincón de este país”.

Una vez más, dejan en las manos del camino institucional la salida de Piñera del gobierno, mientras pasa el tiempo y continúan en completa impunidad este gobierno y sus policías violadores de Derechos Humanos.

Las mujeres, las demandas de octubre y el Chile post-pandemia

El 8 de marzo del 2020 fuimos históricas, millones de mujeres en las calles, con una rabia visceral contra la violencia machista, contra la complicidad de las instituciones, contra las violaciones de Derechos Humanos. El coro de miles de mujeres en Chile tuvo eco, la denuncia de que “El estado opresor es un macho violador” se propagó por el mundo.

Fueron múltiples las razones para protestar contra las consecuencias catastróficas del sistema capitalista y la alianza criminal con el patriarcado, solo empeoraron a partir de la represión, que implicó violencia sexual específica contra mujeres y diversidad sexual, también significó para muchas mujeres chocar con la prepotencia de un sistema de justicia para pobres y otro para ricos en la búsqueda de la libertad para sus presos políticos. Atravesamos un año trastocado por la pandemia y las mujeres fuimos quienes sufrimos las peores consecuencias de las nefastas políticas sanitarias de un gobierno que pudo haber caído meses atrás.

Pero gracias al rescate del presidente que hizo la oposición por acción y omisión, se implementaron las políticas sanitarias que incluyen la ley de supuesta “protección del empleo”, a partir de la cual se contabilizan 2 millones y medio de cesantes, que se traducen en diez años en retroceso de inserción laboral femenina, aumento de la violencia doméstica y embarazos no deseados y no se detienen los femicidios.

Pese a este desvío y las políticas de confinamiento, el movimiento de mujeres salió a exigir justicia frente al caso de Martín Pradenas, responsable de las agresiones que le arrebataron la vida a Antonia Barra, un hijo sano de una familia patronal que se organiza contra el pueblo Mapuche en la Araucanía. Las movilizaciones confluyeron en las calles con las protestas por libertad a los presos políticos y por el retiro del 10% de los fondos de pensiones. Su entrada en escena marcó la diferencia cuando conmovieron a uno de los sectores estratégicos de la economía chilena, los portuarios, quienes paralizaron y manifestaron su solidaridad con la causa del movimiento de mujeres. Estos episodios fueron decisivos en la aprobación del retiro del 10%, que se convirtió en la principal fuente de recursos para paliar la crisis sanitaria y económica, que habían desatado protestas por hambre.

Haciendo balances del año 2020, podemos decir que esa fuerza arrolladora de las mujeres no logró ser sacada totalmente de las calles. Pese a la pandemia, el día 25 de noviembre, Día de la Acción global por la eliminación de la violencia contra las mujeres, miles marcharon o asistieron a concentraciones en 70 ciudades del país. El descontento se ha vuelto más agudo post rebelión. La experiencia de la pandemia desnudó la decadencia de la salud pública y las prioridades empresariales del gobierno, pero también se hizo visible la fuerza y la voluntad de lucha de algunos sectores de trabajadores, como en la salud compuesto en más de un 70 por ciento por mujeres.

Dar vuelta las prioridades

En ese sentido, es importante haber revisado la actuación tanto del PC y el Frente Amplio ante los momentos decisivos y analizar también su actuación en la aprobación de iniciativas del gobierno, que le permitieron perfeccionar sus políticas represivas y pro empresariales. Con su colaboración se aprobó la agenda del gobierno que ellos mismos señalan se cae a pedazos. Pero no se cae y seguimos sufriendo las peores consecuencias como vimos en la detención de la hija de Camilo Catrillanca, su compañera y su madre que fueron víctimas de la prepotencia del gobierno y la violencia policial.

La oposición nos presenta un discurso que propone un giro a una política más radical contra el neoliberalismo, así lo expresó Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista: “Es necesario asumir una política más rupturista frente al modelo neoliberal”.

Agrega Teillier que “ Debe reflejarse mucho más en los hechos, que somos un partido anticapitalista y anti patriarcal” [1]

En algo estamos de acuerdo, debe reflejarse en los hechos, la clase trabajadora y el pueblo ya han hecho grandes esfuerzos por terminar con este gobierno y la impunidad de un régimen criminal, que no duda en saltarse los pasos institucionales cuando se trata de defender sus intereses de clase. No vimos ni al PC ni al Frente Amplio usando sus tribunas de organismos sindicales, estudiantiles y parlamentarias para imponer la prohibición de los despidos o una gran movilización y paro nacional por la liberación de los presos políticos o para enfrentar las trampas del Acuerdo por la Paz ni para exigir una ley de emergencia para prevenir femicidios .Y recordemos que cuando fue la lucha por el derecho al aborto aceptaron los límites de las tres causales sin confiar en la fuerza del movimiento de mujeres para conquistar el derecho al aborto libre como se demanda en las calles hasta hoy.

Desde la derecha (UDI incluida), la DC y parte del FA votaron la ley que habilitó las suspensiones sin pago por parte de los empresarios. Esta ley anti obrera, que hace que miles se tengan que sostener sin cobrar el total de su sueldo y que tengan que sacar de su propio seguro de cesantía, fue aprobado por el Partido -mal llamado- Comunista. Entonces no hay consecuencia cuando presentan un programa feminista que incluye “ la construcción de una política local con enfoque de género”, “en materias tales como el fortalecimiento de la autonomía económica de la mujer” como señalan en el sitio web del PC. Me parece que lo consecuente con la autonomía económica de las mujeres habría sido resistir los despidos y no facilitarlos, por lo demás sería confiar en las fuerzas de ellas mismas y no en las instituciones a las que salvaron con el acuerdo por la Paz y la tregua.

En el manifiesto de su coalición señalan "...que se haga un reconocimiento efectivo del trabajo doméstico y de cuidados; que se reconozca un compromiso real con la erradicación de la violencia de género estructural; queremos contar con igualdad jurídica y que todas las instituciones tengan una mirada integral, que incluya la perspectiva de género..."

Pero de lo que se trata no es de reconocer este trabajo para que se remunere y consagre esa división sexual del trabajo propia de la sociedad de clases sino de cambiar las condiciones materiales que propician ese mandato que nos relega a lo doméstico. Quienes nos declaramos feministas socialistas luchamos para que sean superado con su socialización, la horas de trabajo disminuidas y repartidas entre los géneros y entre ocupados y desocupados. Guarderías, educación, comedores, lavanderías, públicas, etc. Respecto a la igualdad jurídica es necesaria, pero debemos luchar por generar nuevas condiciones económicas, nuevas relaciones sociales, distintas a las de explotación de una clase por otra sobre la que se funda la opresión de género.

Lo que hace más falta en el ámbito jurídico es, precisamente, lo contrario: la conquista de los derechos diferentes, específicos, exclusivos, y no iguales, de las mujeres. Derechos reveladores no sólo de diferencias biológicas, sino de las diferencias sociales entre géneros de esta sociedad de clases, como el aborto libre.

Lo mismo para el Frente Amplio que presentó los 10 Principios Básicos de la Nueva Constitución para Chile, ejes que se defenderán en la Convención Constitucional:

“El pueblo como protagonista, Una vida digna para todas y todos, Una Constitución que nos cuide, Una constitución feminista, Más y mejor democracia, de lo local a lo nacional, Protección y derecho al trabajo, Una justicia que no discrimine por clase, edad, sexo, ni raza, Derechos Culturales, Nuevo Estado Emprendedor, Nuevo Estado Innovador” generalidades y más generalidades que no expresan respuestas concretas como una postura clara, omiten o no dan suficiente claridad en debates como el derecho al aborto o el matrimonio igualitario.

Desde nuestra perspectiva a nivel jurídico es necesario acompañar y encabezar las luchas por la extensión más radical del matrimonio, hasta su disolución: por conquistar el derecho a la más plena libertad de asociaciones conyugales y del hogar, sin límite ni de género, ni orientación, ni condicionarlo a los fines sexo-reproductivos, abriéndose a todo tipo de compromiso, de tiempos y hasta del número de adultos en relación. Algo imposible de conquistar sin superar las condiciones objetivas: el modo de producción capitalista, que condiciona la existencia de la familia patriarcal (y que al mismo tiempo, sin poder terminar con ella, la descompone).

¡Ni una menos! ¡ Nuestras vidas valen más que sus ganancias!

Protagonismo tuvieron los sectores esenciales como la salud, puedo hablar de cerca de la experiencia del Hospital Barros Luco, pero hay más en Chile y el mundo.
Este sector tan feminizado no solo se movilizó por los insumos en plena pandemia, antes lo hizo contra la represión y las violaciones a los Derechos Humanos, por demandas como el aborto legal, recientemente por la libertad de los presos politicos y mantienen la demanda de fuera Piñera. Acá es donde, desde el feminismo socialista ponemos nuestros esfuerzos, utilizando las candidaturas para alentar a esas mujeres a hacer historia, a que dimensionen la potencia de sus fuerzas, que con el conjunto de la clase trabajadora y el pueblo son las únicas capaces de invertir las prioridades.

Cada día millones de mujeres trabajadoras siguen aportando su fuerza creadora, resolviendo desde las necesidades más básicas hasta desplegar complejas redes que ponen en movimiento hasta los sectores más estratégicos, todo eso puede estar organizado para que no sea la clase trabajadora y sus hijos quienes paguen los costos de una crisis sanitaria y económica que es responsabilidad de los mismos capitalistas y sus políticos.

Como lo vienen haciendo nuestros compañeros del PTS en Argentina, usaremos las campañas de estas elecciones a la Convención Constitucional para agitar las demandas de la calle, las de octubre, denunciar las trampas del proceso y para llamar a confiar en las fuerzas de las mujeres trabajadoras, que son parte de ese fenómeno mundial contra la violencia machista, que esta semana podría tener un nuevo aliento ahora que ha comenzado a debatirse en el Congreso la despenalización del aborto libre por el impulso que generó la aprobación en Argentina. Toda una generación ha despertado a la política con el movimiento de mujeres y mira con ojos expectantes.

Como dicen nuestras compañeras de Pan y Rosas en Argentina “se discute en el Congreso, se gana en las calles”. Ahí es donde podemos hacer la diferencia, que seamos las propias trabajadoras y activistas quienes tomemos la política en nuestra manos para promover la autoorganización frente a los profundos problemas sociales como la violencia machista, como la precarización del empleo y los despidos, llamando al conjunto de la clase trabajadora a decir “Ni una menos” “nuestras vidas valen más que sus ganancias”.

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[1Teillier: “Es necesario asumir una política más rupturista frente al modelo neoliberal” – elsiglo2020
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Javiera Márquez

Santiago de Chile
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