INCENDIO AMAZONAS

El delirio de Piñera: defender a Bolsonaro por los incendios de la Amazonía

Mientras muchas evidencias apuntan a la gestión ambiental y económica de Bolsonaro tras el aumento crítico de incendios en la selva Amazónica, el Presidente Piñera señaló a BBC en defensa del mandatario ultraderechista de Brasil: “está haciendo todo lo posible”.

Martes 27 de agosto de 2019 | 15:31

La selva en llamas

El Amazonas es el sistema fluvial y la selva tropical más grande del mundo. Es también el lugar con mayor biodiversidad del planeta
 [1]. Muchas de las esperanzas de científicos y ambientalistas respecto a la lucha contra el cambio climático están depositadas en este verdadero gigante verde, que con su vegetación aporta el 20% del oxígeno a nivel mundial; ayuda a regular la temperatura de todo el planeta y absorbe cantidades importantes de monóxido de carbono de la atmósfera [2]. Lamentablemente, durante las últimas semanas la selva amazónica ha pasado a estar en el centro de la discusión mundial, no por su tremendo valor sino debido a los devastadores incendios que azotan zonas extensas del “pulmón del mundo”.

El 2019 han aumentado exponencialmente la cantidad de incendios en la Amazonía, sobre todo en su región ubicada en Brasil: aumentó más de un 80% respecto al año pasado en esta misma fecha [3]. Durante este año solamente, han existido más de 70.000 focos de fuego, tanto en territorios legales del amazonas como en terrenos privados, principalmente destinados a la ganadería y agrocultivos. Actualmente, los focos de incendio se han intensificado y llegado a cubrir de humo ciudades como Sao Paulo, a más de 2.735 kilómetros de distancia de la selva. Los incendios además se extienden en el territorio boliviano y paraguayo. Según los estudios del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), diariamente la Amazonía está perdiendo 1,5 hectáreas de bosque por minuto.

La llamada “comunidad internacional” ha puesto el grito en el cielo respecto de esta situación, con discusiones en el imperialista G7 y aportes monetarios de celebridades como Leonardo DiCaprio [4]. Sin embargo, Jair Bolsonaro, el mandatario brasileño de ultraderecha, ha respondido culpabilizando a las ONG ambientalistas sin ningún tipo de evidencia [5]; justificando que los incendios son resultado natural de la temporada de queimada y el clima seco; y enviando a 45000 soldados en un intento por controlar el fuego. Pero quien juega con fuego, se quema.

El delirio de Piñera: “(Bolsonaro) está haciendo todo lo posible”.

Sebastián Piñera, el presidente chileno, no ha querido quedar fuera del debate. Muy resuelto y en sintonía con el bolsonarismo, declaró a la prensa internacional, particularmente a la agencia británica BBC: “La Amazonia es un área enorme, de 7 millones de kilómetros cuadrados. Todos los años tienen incendios. Este año ha sido peor que el año pasado pero está dentro del promedio de los últimos 20 o 30 años. No creo que el presidente Bolsonaro sea responsable de esto, creo que está haciendo todo lo posible para combatir estos incendios” [6].

Es fundamental pensar por qué Piñera realiza de manera tan tajante esa afirmación. Primero, pone énfasis en un elemento importante del hilo argumentativo del oficialismo brasileño: “estos incendios son naturales y son parte de la vida, desde siempre”. Es cierto que existe una “temporada de queimada” en Brasil. Es la temporada donde los empresarios agrícolas y ganaderos “liberan” áreas de la selva mediante incendios provocados. Justo en esta época del año, el tiempo es más seco en Brasil, y eso fomenta la extensión de los incendios: la responsabilidad entonces es del tiempo seco y no de los humanos que iniciaron el fuego -según Bolsonaro y sus amigos-.

Otros de los argumentos que utiliza el presidente de Chile para respaldar la gestión de Bolsonaro frente a la oleada de incendios, es que es necesario respetar la soberanía nacional de Brasil, aunque se encuentren frente a una crisis ecológica y humanitaria. Esto, debido a los dimes y diretes entre Macron y el presidente brasileño, que declaró vía su cuenta de Twitter que las intenciones de intromisión de Francia en el desastre de la selva amazónica son de carácter colonialista [7]. Junto con esto, Piñera defiende que Jair Bolsonaro está tomando la crisis en sus manos debido al envío de un fuerte contingente militar, y al “enfoque regional” del problema, poniendo a Chile como un ejemplo con el aporte de algunos aviones para detener los incendios forestales [8].

Piñera y Bolsonaro juegan con el fuego

Sin embargo, no es que de pronto Bolsonaro se haya vuelto ecologista y anticolonial o que Piñera esté genuinamente preocupado por el medio ambiente. Jair Bolsonaro, desde su campaña a la presidencia hasta la fecha, ha declarado públicamente en numerosas oportunidades su intención de “modernizar y urbanizar” el territorio amazónico, aduciendo que en la selva están la mayor cantidad de los recursos de Brasil y que los ambientalistas y comunidades indígenas no piensan en el pueblo brasileño, sino en sus propios intereses [9].

Es verdad que siempre han existido incendios forestales, muchas veces por accidentes. Lo que ni Piñera ni Bolsonaro dicen, y que recientemente se ha descubierto, es que la administración bolsonarista tenía conocimiento de una cantidad importante de incendios criminales, realizados en el llamado “día del fuego”, fechado para el 10 de agosto [10]. Estos incendios tienen por objetivo extenderse hasta zonas protegidas y así aumentar el territorio explotable para los empresarios de la ganadería y agroindustria. La coordinación de dicho ataque a la selva fue informada a la administración de Bolsonaro, quienes decidieron deliberadamente no actuar y bajarle el perfil, debido al apoyo político que le brindan los terratenientes.

Esto es solamente una anécdota de la práctica sistemática que ha tenido el ultraderechista carioca con la selva tropical: sus políticas de explotación de los recursos naturales hoy protegidos, son parte fundamental de su programa económico y del discurso con el que ha actuado todo su periodo presidencial. Desde el comienzo de su mandato, ha buscado fomentar la industria minera, energética, ganadera y agrícola en las zonas selváticas, a costa del asedio a comunidades indígenas y a la destrucción del medioambiente [11].

Sumado a los incendios deliberados, existe otro factor: la deforestación. Para la creación de áreas habilitadas para la producción ganadera y agrícola y así seguir enriqueciendo un puñado de multimillonarios, se requiere barrer con extensos terrenos que antes eran parte del bosque tropical. La pérdida de árboles nativos y la imposición de monocultivos en un territorio que requiere ser extremadamente biodiverso, ha traído repercusiones trágicas: la selva se va secando, y con ello, se hace mucho más fácil la propagación de los incendios. No es el “clima seco” en general. Una selva tropical es un clima húmedo. Pero debido a la deforestación, aumenta la temperatura de esos territorios [12], se empobrece el suelo, y se seca. Responsabilidad de personas, no del clima. Y no de todas las personas: responsabilidad de los empresarios. Terreno fatal para jugar con fuego.

Soberanía para algunos, selva para nadie: la política de la derecha

Y no solamente juegan con fuego de forma literal. El cuestionamiento a la actitud colonial del presidente de Francia por parte de Bolsonaro, es un cascarón vacío, o lisa y llanamente charlatanería pura: Tanto a Piñera como al presidente de Brasil les importó un comino la soberanía nacional de Venezuela para llamar a intervenir abiertamente a toda la “comunidad internacional”, sobretodo alentando la intervención de Trump, presidente de EEUU, a quien claramente no le interesan ni los derechos humanos ni el pueblo venezolano, sino el petróleo.

Aquí la operación política es salvarse las espaldas. Mientras los países imperialistas envían algunos millones de dólares como ayuda a Brasil -siendo que también es afectada por los incendios la selva de Bolivia y Paraguay-, a nivel regional Piñera respalda a Bolsonaro porque es parte de la línea de la derecha latinoamericana por maximizar la obtención de recursos naturales y “echar mano” en un momento de inestabilidad de los mercados internacionales. Para ello han recurrido a asesinatos de dirigentes políticos y sociales de las comunidades indígenas, expoliación de dichas comunidades, implantación de monocultivos destructores del suelo y las condiciones climáticas de estos ecosistemas. También han recurrido a los incendios.

Es ampliamente sabido que los estudios científicos más recientes señalan que estamos en un momento crítico para el planeta tal cual como lo conocemos. Durante su larga historia, la Tierra ante cada catástrofe se ha regenerado. No podemos decir lo mismo de la humanidad y las especies de flora y fauna que habitan este planeta azul. No hay consumo ni forma de producción ética en el capitalismo, este sistema económico, político y social que consume nuestras vidas y territorios. No hay forma de que este sistema de producción sea capaz de garantizar una solución a este problema a largo plazo, puesto que es en sí mismo un sistema depredador.

Los intentos por “controlar” los incendios y la crisis medioambiental-humanitaria no son una prioridad ni para la derecha ni para los empresarios, incluso para esas empresas del llamado capitalismo verde, que eliminan bolsas plásticas y bombillas con la excusa de salvar los océanos -y así generar aún más ganancia-. Lo único que temen es la fuerza desatada de las y los trabajadores, las mujeres y la juventud; no quieren vernos en las calles amenazando su dinero y poder. Es por eso que Bolsonaro envía militares a la selva y convoca a sus ministros a reuniones de emergencia. Es por eso que los países imperialistas tratan de poner paños fríos y rasgar vestiduras por el “pulmón verde”, cuando en realidad, los verdes que les importan son los dólares.

Las comunidades indígenas que habitan en el territorio de la Amazonía y las y los trabajadores rurales y urbanos no son los responsables de esta catástrofe. Los responsables son otros. Y es por eso que no pueden ser quienes sigan decidiendo por las vidas de las grandes mayorías un puñado de millonarios y sus esbirros. La vida de la flora y fauna, y nuestras vidas, valen más que sus ganancias.



[12ídem





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