Sociedad

IGLESIA CATÓLICA

Crisis y blindaje al interior de la Iglesia Católica

La Iglesia Católica recibió un nuevo golpe debido a la revelación de cartas entre el cardenal Errázuriz y el sacerdote abusador, Fernando Karadima, donde se intenta ocultar la responsabilidad de este último, en casos de abusos sexuales a menores, un nuevo hecho que pone en tela de juicio a una institución profundamente cuestionada. Por su parte, distintos obispos han salido a plantear que “no hay que sacar conclusiones a la rápida”, protegiendo una vez más lo indefendible.

Ángela GS

Periodista

Sábado 12 de septiembre de 2015

Hace un par de días, se dieron a conocer unas cartas enviadas entre el actual Cardenal Errázuriz y el entonces vicario Diego Ossa, discípulo de Karadima; y también otra carta entre el cardenal y el propio Karadima, culpable de abusos sexuales a menores de edad. Situación que involucra de conjunto a la Iglesia Católica y también al arzopispo de Santiago, Ricardo Ezzati.

El contenido de los documentos revela directamente cómo la Iglesia Católica, y en especial Errázuriz, intentaron ocultar y defender los crímenes cometidos por Karadima, hechos que se dieron a conocer con las denuncias de Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo. Esta situación representa un duro golpe para la institución eclesiástica, la que viene siendo fuertemente cuestionada- incluso a nivel mundial- por casos de abusos sexuales, corrupción, políticas retrógradas y conservadoras que impulsa, etc.

Dichas cartas expresan la putrefacción al interior de la Iglesia Católica, donde queda demostrado que sus integrantes avalan los abusos sexuales a menores, y además son capaces de ocultarlo, e incluso defenderlo, posteriormente. Que hubo un intento profundo de evitar que se supiera de los casos de abusos sexuales, es un hecho, como también el ofrecimiento de dinero a las víctimas para obtener el silencio. Además, estas últimas revelaciones reflejan lo que las víctimas de Karadima venían denunciando hace tiempo: que pocas personas les creían, que se pretendía ocultar lo que había sucedido a través de acallar las denuncias interpuestas y que los altos mandos de la Iglesia Católica estaban haciendo lo posible por encubrir a los abusadores.

Por otro lado, las cartas también muestran cómo Errázuriz, junto a otros dirigentes de la Iglesia Católica, buscaron impedir que ciertos sacerdotes más “progresistas” o críticos a la conducción de la institución, obtuviesen cargos eclesiásticos como fue el caso de Felipe Berríos cuando quiso convertirse en Capellán de La Moneda. Berríos es conocido por ser crítico a la corrupción e “incoherencia” al interior de la Iglesia, posición planteada en más de una ocasión. También en las cartas se habla contra la posibilidad del nombramiento de Juan Carlos Cruz para que integrase la Comisión Pontificia de Previsión de abusos sexuales.

“No hay que sacar conclusiones a la rápida”: la defensa de la Iglesia Católica

Posterior a que se conociera el contenido de las cartas mencionadas, rápidamente distintos obispos y clérigos del país entregaron declaraciones para defender lo indefendible. El obispo de Temuco y presidente del área educación de la Conferencia Episcopal de Chile (Cech), Héctor Vargas apuntó a que no debían sacarse “conclusiones a la rápida”, argumentando que “no sé qué más va a seguir en todo esto, pero creo que hay también una intencionalidad clara de buscar el más mínimo, la más mínima información para sacar conclusiones rápidas, apresuradas y, además, condenatorias. Me parece muy poco serio y responsable”.

Otro clérigo que se sumó a la defensa de la cuestionada Iglesia Católica fue el obispo de Copiapó, Celestino Aos, quien manifestó que “me parece que las conversaciones y lo que uno puede tener en la vida privada son de la vida privada, y si en Chile no aprendemos a respetar la vida privada de los demás, no hay convivencia posible”, justificando de manera descriteriada los crímenes mencionados y el rol encubridor de la Iglesia en todo esto.

En esta misma sintonía, Hugo Tagle, sacerdote del movimiento de Schoenstatt, argumentó que “adhiero a la declaración del padre Fernando Montes, en cuanto a que la filtración de correos privados es un delito grave, que debe ser castigado”, mostrando la prepotencia y desfachatez que existe al interior de la Iglesia Católica, donde difícilmente van a asumir todos los crímenes cometidos por sus miembros, teniendo en consideración que es una institución que históricamente los ha cometido y ha ocultado sus nefastos actos.

Otras reacciones que han surgido tienen que ver con el mundo político, donde por ejemplo el senador Patricio Walker (DC), criticó tibiamente la ubicación que ha mostrado la Iglesia Católica últimamente, mientras que el diputado Ricardo Rincón (DC) manifestó que el Vaticano debe “apresurar” las gestiones para esclarecer las distintas denuncias hacia la institución.






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